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¿Todo lo que necesitas es amor?
21 may
Alain Badiou es un pensador que podría llamarse polifónico: ha abordado la filosofía y la política, la historia, el marxismo y la vida contemporánea, pero siempre parece haberlo hecho con la mirada puesta en el presente: buscando los modos en que el pasado puede ayudarnos a construir un futuro mejor. Una semana antes de su llegada a Buenos Aires, Radar lo entrevistó en París para que desplegara ese mapa de su pensamiento por el que orbitan las revoluciones árabes y el desastre ecológico, el duelo por las revoluciones del siglo XX y la salud del capitalismo, el mercado de las opiniones contra la comunidad de las ideas y, fundamentalmente, el amor como centro de gravedad ineludible a partir del cual comenzar la construcción de una nueva forma de futuro. Más >
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El varón incomprendido
16 may
Algo importante sucedió en una vieja casona de la calle de Ituzaingó: dos docenas de psicoterapeutas y afines hicieron un taller con una eminencia Argentina de maneras sencillas, que suelen ser las más sabias.
Montevideo tiene eso de no enterarse de lo importante, de lo que esta ligado a la vida académica del país, de lo que en definitiva enriquecerá la práctica de los profesionales. Pero los elegidos que participaron del taller organizado por Janus y APPAU, dos instituciones ligadas al psicodrama, estaban conmovidos. En las palabras del argentino que vino dar el taller, Guillermo Vilaseca, el tema sobre el que se trabajó parece sencillo: qué le pasa a cada uno de ellos con su vida privada y su papel profesional. Más >
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Nacen más varones pero llegan más mujeres a la vejez
15 may
Natalia Muñiz, redactora de Diario Popular nos consulto para esta nota a partir de las investigaciones en los grupos de reflexión: “entre Varones”
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Madre de la filosofía
14 may
La vida y las ideas de Alain Badiou
El célebre filósofo Alain Badiou reseña su propia vida: la revelación de la pasión secreta de su madre, el arte de seducir chicas piadosas, la lucha contra la guerra de Argelia, los palos policiales, Mayo del ’68; el maestro Sartre, el maestro Lacan. Todo para mostrar que “la filosofía debe estar al servicio de lo que surge, de eso que es siempre frágil y paradójico: nunca para consolidar lo que domina”.
Mi madre era muy anciana. Iba con ella a comer a un restaurante las noches que mi padre –cuando se es hombre, hay que saber dejar un poco a su mujer, cualquiera sea la edad– partía de caza. Iba entonces a verla, porque ella no se acostumbraba jamás a que mi padre la dejara para ir a matar bichos, y mi presencia endulzaba las consecuencias de esa femenina falta de aceptación. Me contaba en ese momento todo lo que jamás me había contado. Era la ternura final, tan conmovedora como la que se tiene con los padres muy viejos. Una noche, me cuenta que antes de haber conocido a mi padre, cuando era profesora en Argelia, había tenido una pasión, una gigantesca pasión, una pasión voraz, por un profesor de filosofía. Esta historia es absolutamente auténtica. La escuché evidentemente en la posición que imaginan, y me dije: y bien, he aquí, no hace nada más que cumplir el deseo de mi madre, al cual el filósofo de Orán se había sustraído. Había partido con otra y ese terrible dolor de mi madre –en el fondo subsistía todavía a los ochenta y un años– yo había hecho lo que podía para consolarlo. Más >
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Los hilos que nos atan a la ansiedad
11 may
Las incertidumbres y los miedos constituyen un signo de los tiempos. Las contradicciones están a la vista: tanto buscamos la compañía como nos refugiamos en la soledad.Cuidamos nuestro cuerpo con dietas pero también comemos sin límite. Las relaciones humanas en pareja, familia o soledad se vuelven engorrosas.
“¿Estamos o sobrevivimos?” pregunta el pensador polaco.
Edward Hopper. Office in a small city (1953) (Oficina en una pequeña ciudad). Una fría geometría rodea al personaje que se enfrenta a la soledad y el silencio del perfil urbano. Este tema -silencio y soledad- es reiterado en toda la narrativa plástica del artista norteamericano. (Museo Metropolitano de NY).
La tensión potencial que existe entre erotismo y sexo, lo mismo que la salud y el bienestar de nuestros cuerpos, son rasgos fundamentales de nuestra vida diaria. Nos encontramos sometidos cotidianamente a publicidades acerca de dietas, ejercicio y vacaciones. En este proceso la gente puede oscilar entre querer estar con otros y querer estar solos, entre ocuparse mucho de su cuerpo y despreciar el llamado a ser saludable con grandes atracones de comida y de bebida, entre expresar el deseo a estar cerca de aquellos con quienes se sienten bien y, al mismo tiempo, “huir de todo” viajando a lugares donde poca gente podría molestarlos.
Todo esto expresa deseos de romper o suspender una relación que se considera engorrosa, difícil de manejar, forzada, irritante o simplemente demasiado exigente de comodidad. Del mismo modo en que oscilamos entre los deseos de intimidad y soledad, construimos una relación con nuestros cuerpos que es parte fundamental de nuestra vida diaria.
En busca de seguridad
Ya hemos señalado hasta qué punto nuestras relaciones con las demás personas son a la vez gozosas e irritantes. La mayor parte de las veces son complejas y confusas, envían señales contradictorias y dan lugar a acciones que no son fáciles de reconciliar. Por lo tanto, los demás no sólo proporcionan seguridad para nuestro bienestar: también causan ansiedad, y ésta no es una condición placentera; no sorprende, pues, que tantos de nosotros creemos estrategias para evitar esas situaciones. Habiendo encontrado difícil de resolver y difícil de soportar la confusión, podemos experimentar una urgencia por cortar los hilos que nos atan a esa fuente de ansiedad y desear el retiro. Sin embargo, ¿adónde vamos? ¿Dónde podremos encontrar el refugio seguro que buscamos? Para responder a estas preguntas, pensemos en el mundo que nos rodea –los lugares y las personas que conocemos y que creemos comprender– como una serie de círculos concéntricos, cada uno más amplio que el anterior. La circunferencia más grande y más externa aparece borrosa en nuestro mapa cognitivo: es un lugar neblinoso, remoto. Ese círculo contiene las “grandes tierras desconocidas”, que nunca visitamos y que no visitaremos a no ser que contemos con la ayuda de algún guía confiable, y que vayamos armados con mapas y diccionario de frases hechas, y dispongamos de un seguro contra los riesgos que una aventura así podría acarrearnos. Los círculos pequeños son más seguros y familiares; cuanto más estrechos, más seguros nos sentimos. Está, primero, un lugar que es nuestro país, donde asumimos que cada persona que pasa por la calle es capaz de hablar en el idioma que nosotros comprendemos, obedecer las mismas reglas y comportarse de una manera comprensible, de modo que sabríamos cómo responder a sus gestos y a su conversación.
En el cuadro de Edward Hopper Nighthawks (1942) el silencio y la incomunicación de tres personas: no hablan ni miran a nadie. La escena en Manhattan, Nueva York, junto a una calle vacía.
Abajo: Los personajes de la serie animada Los Simpson, de Matt Groening, son incorporados al célebre cuadro en una escena dominada por la desesperanza.
Un círculo aún más pequeño sería lo que podríamos llamar nuestro “vecindario”. Aquí conocemos a la gente por su cara, y a muchos también por el nombre, e incluso tal vez no sólo por el nombre: también por sus costumbres. Conocer las costumbres de las personas reduce la incertidumbre que viene con la falta de familiaridad, de modo que podemos saber qué esperar de cada uno. Luego, por fin, en último lugar, pero por cierto no en el menos importante, está el “círculo íntimo”, bastante pequeño en comparación, que llamamos “hogar”. De una manera ideal, éste es el lugar en el que todas esas diferencias entre personas, por profundas que sean, no cuentan mucho, porque sabemos que podemos contar con ellos cuando haga falta, que van a sostenernos en los momentos difíciles y que no nos van a dejar caer. Este es el lugar en que no hay necesidad de demostrar nada: mostrar el “verdadero rostro” y no esconder nada. El hogar es visto a menudo así, en estos términos, y registrado como un lugar de salvación, calidez y seguridad, donde podemos estar tranquilos de conservar nuestro lugar y nuestros derechos sin tener que salir a pelearlos o tener que vigilarlos de continuo. Como sucede con todas las definiciones y presuposiciones drásticas que se refieren a límites claros en la demarcación de espacios y lugares, ésta es apropiada, en primer término, si el hogar existe, y sólo mientras siga existiendo. El desamparo, las rupturas familiares, las peleas entre generaciones que representan tradiciones y convicciones culturales diferentes parecen no existir cuando los límites entre los círculos se asumen como claramente demarcados. De ser así, sabemos quiénes somos, quiénes son los demás, cuáles son las expectativas que tienen sobre nosotros y por lo tanto cómo nos colocamos frente al orden de las cosas. Sabemos qué podemos esperar razonablemente de cada situación y qué expectativas serían ilegítimas y presuntuosas.
Sin embargo, ¿qué pasa si las distinciones entre los círculos se vuelven borrosas o incluso se quiebran por completo? ¿Qué pasa si las reglas que son apropiadas en un círculo se filtran hacia otro círculo, o cambian tan rápidamente que es difícil confiar en ellas y seguirlas? El resultado son sentimientos de confusión e incertidumbre, hasta llegar al resentimiento y la hostilidad.
Donde en un tiempo había claridad, entra a tallar la ambigüedad con su falta de certidumbre, puede venir el miedo a golpear a la puerta, así como actitudes reaccionarias nacidas de la falta de voluntad de comprometerse y comprender. Muchos han comparado el pasado con el presente en estos términos. Una nostalgia por la tradición lleva a pensar que en otro tiempo la gente conocía su lugar y las expectativas correspondientes colocadas sobre ellos. La investigación histórica ha cuestionado la existencia de estas certidumbres confortables, pero persisten vía una apropiación de esas comunidades imaginadas de eras pasadas como respuesta a las condiciones contemporáneas. El mundo que se suponía familiar y seguro ya no aparece más como familiar y seguro. La velocidad de cambio ahora parece la condición que rige nuestras vidas, con gente moviéndose rápidamente a nuestro alrededor; los que en un tiempo eran conocidos íntimos desaparecen de la vista y aparecen nuevas personas, de las que poco conocemos. Sentimos que si bien en un tiempo pudimos haber sabido quiénes éramos en términos de dónde vivíamos y en qué momento histórico, esos recursos se han evaporado junto con los cambios impulsados por deseos frenéticos aparentemente desprovistos de significado y propósito. Las reglas, entonces, que parecen cambiar rápidamente y sin aviso, ya no poseen la legitimidad que sostenía su existencia. Es poco lo que se puede dar por sentado, y lo que se ha logrado no puede asumirse como perdurable, a no ser que se lo sostenga con esfuerzo incesante. Lo que antes era una carrera para toda la vida se convierte en una serie de momentos en la lucha por el reconocimiento que se plantea con cada nuevo trabajo, cada entrevista. Incluso en el más íntimo, y más hogareño de los círculos, hay que mantener la vigilancia. A medida que estos procesos gobiernan cada vez más nuestra vida, la mercantilización puede fácilmente convertir ese hogar de seguridad en una casa que ya no es más que un objeto de cambio como cualquier otro.
Por supuesto, exageramos un poco para clarificar. Sin embargo hay muchas cosas que asumimos como parte de nuestra seguridad que muchos no poseen, ni tienen la posibilidad de adquirir. Al mismo tiempo, estos procesos afectan las relaciones, a pesar de la convicción corriente de que estas relaciones están selladas herméticamente a las influencias sociales, políticas y económicas. Tomemos, por ejemplo, la más íntima de las relaciones: la familia o la pareja amorosa. Anthony Giddens acuñó los términos “amor confluyente” para describir los sentimientos que mantienen a la pareja junta y “relaciones puras” para caracterizar el tipo de pareja que se construye sobre este cimiento. El amor confluyente simplemente significa que en todo momento los miembros de la pareja se aman, se sienten atraídos uno por el otro y desean permanecer juntos. Para ellos, su pareja es placentera, satisfactoria y deseable. Sin embargo, no hay promesa ni garantía de que esta condición agradable vaya a durar “hasta que la muerte nos separe”. Lo que confluye también puede difluir. Si esto sucede, la pareja misma, desprovista de la base que la mantenía unida –se trataba, después de todo, de una “relación pura”– se derrumbaría. El amor confluyente requiere, no obstante, de dos miembros, y sin embargo, para comenzar a difluir alcanza con que empiecen a languidecer los sentimientos de uno solo. Una relación pura, sostenida por emociones confluyentes, es por lo tanto una construcción frágil y vulnerable. Ninguno de los dos miembros de la pareja puede estar realmente seguro del otro, que mañana puede declarar que ya no siente lo mismo con respecto a compartir la vida y a vivir juntos; que necesita “más espacio” y que piensa en buscarlo por otro lado. Las parejas que no tienen ninguna otra base nunca dejan de estar en el “período de prueba”, con una serie inacabable de tests cotidianos. Ese tipo de parejas ofrece libertad de maniobra, ya que no ata a los miembros con compromisos eternos, ni “hipoteca el futuro” de ninguno de los dos. Pero el precio que se paga por esta “libertad” es alto: incertidumbre perpetua y falta de seguridad.
Todo esto no puede sino influir sobre el estatus de la familia, una institución que suele ser vista como fuente de estabilidad y seguridad. Después de todo, la familia funciona como un puente entre lo personal y lo impersonal, y entre la mortalidad de sus miembros individuales y la inmortalidad. Tarde o temprano, un miembro puede morir, pero la familia, su estirpe y linaje lo sobrevivirán; su legado es el de haber perpetuado de algún modo ese linaje. Hoy en día, muchas familias se separan y luego se reacomodan en diferentes contextos, o simplemente se disuelven en otras relaciones. Nada, por lo tanto, está dado, de modo que son cada vez más las tareas que hay que hacer para sostener una familia. Lynn Jamieson llamó revelación de la intimidad a este proceso por el que lo que en un tiempo era algo supuesto se convierte en algo que debe hacerse explícito para que los lazos de unión de las relaciones se sostengan rutinariamente.
Según Zygmunt Bauman, las personas oscilan entre deseos de soledad y compañía, entre relaciones irritantes y gozosas.
En un nivel podríamos decir que el lugar en el que nos podemos sentir seguros se está volviendo más estrecho: menos personas, si acaso alguna, entran en él y permanecen lo suficiente como para despertar fe y confianza. Al mismo tiempo, sin embargo, hay muchas maneras en que los círculos que hemos propuesto se mantienen dentro de la vida diaria, con consecuencias que difieren para los miembros de la relación. Las prácticas de “segmentación” e “integración” entre el hogar y el trabajo en el marco de las relaciones, por ejemplo, han sido examinadas por Christena Nippert-Eng. El trabajo pago era un lugar que se asumía como separado del espacio del hogar, pero las nuevas tecnologías abrieron otras posibilidades en términos de uso del espacio-tiempo. Eso, sin embargo, requiere enfrentar nuevas presiones en las relaciones para que el espacio y el tiempo dentro del hogar queden demarcados de forma tal que sea posible el primer lugar para el trabajo. Si el otro miembro de la pareja no reconoce esto y no hace los ajustes correspondientes, es probable que aumenten los conflictos. Deberíamos, por lo tanto, ser cuidadosos al abrazar las supuestas nuevas libertades que la revolución informática aparentemente proporciona. Las estructuras hogareñas y las divisiones del trabajo según el género dentro de esas estructuras pueden llegar a ser, según Christine Delphy y Diana Leonard han demostrado en su estudio del matrimonio, extraordinariamente resistentes al cambio.
Hay otro aspecto. Cuando hablamos de la demanda que hacen muchas personas de tener “su propio espacio”, ¿qué es lo que esto significa? Si consiguen ese espacio, ¿qué queda? Después de todo, si otros quedan afuera, y uno se libera al parecer de los que “lo ponen nervioso” y “hacen demandas poco razonables”, ¿qué queda de la persona que busca ese espacio y sobre qué base se hace su demanda? Como hemos sostenido a lo largo de este libro, nos conocemos a nosotros mismos a través de los demás, de modo que ¿qué es conocernos a nosotros mismos y a qué aludimos cuando reclamamos eso? Una respuesta puede radicar en nuestro yo corporal: es decir, en referencia a nosotros como un “cuerpo”.
Fuente: Escrito por ZYGMUNT BAUMAN, publicado en Revista digital el arca del 2011 numero 66
*Poznan, Polonia, 1925. Sociólogo polaco, reside en Inglaterra desde 1971.
Es profesor en la Universidad de Leeds, Reino Unido.
Su obra se ocupa de cuestiones como la hermenéutica, el socialismo, el holocausto, la modernidad y posmodernidad, el consumismo, la globalización y la nueva pobreza. Es autor de Ética posmoderna, Amor líquido, La cultura como praxis, Trabajo, consumismo y nuevos pobres, entre otros. Artículo extraído de Pensando sociológicamente, Zygmunt Bauman, Tim May, Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 2007.
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La pasión por desplegar posibilidades
10 abr
Pinceladas de algunos recorridos
“Desde chico yo tenía en el mirar,
esa loca fantasía de volar”
Eladia Blázquez
De niño me maraville con el fenómeno de la germinación.
Comenzando por esas semillas de alpiste que escapaban a ser alimento de los canarios y se escondían en los intersticios de las baldosas del patio o en algún huequito de las rugosidades de la pared y a las que se les podía cantar piedra libre cuando empezaban a brotar las sutiles briznas verdes. Más >
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El malestar en el ámbito del trabajo. Perspectivas para su afrontamiento – Artículo completo
22 feb
Habla de tu aldea y hablarás del mundo…
En este texto me propongo abordar aspectos que hacen al malestar en el ámbito del trabajo y alternativas que nos permitan afrontarlo.
Para aproximarnos a este campo de problematización les propongo algunas preguntas:
- ¿El proyecto laboral es el proyecto de vida?
- ¿Vivimos para trabajar o trabajamos para vivir?
- ¿El trabajo es salud?
Al desarrollar estas reflexiones me voy a apoyar en algunos recorridos y experiencias de mi propia vida laboral como así también en la de algunos compañeros de ruta.
- El trabajo de la Profesora Licenciada Eva Giberti:
“Atención a niños y niñas víctimas: El efecto burn out en los profesionales” (http://www.ilanud.or.cr/A112.pdf), que aporta una exhaustiva investigación sobre la caracterización de este fenómeno que está reflejado en varios párrafos de este texto.
- El trabajo:”El Cuidado de sí, una visión ontológica” de Beatriz Medina Araújo (http://www.fermentario.fhuce.edu.uy/index.php/fermentario/article/view/18) quien nos brinda una mirada desde la perspectiva filosófica del concepto de epimeleia y sus devenires a lo largo de la historia
- También he decidido incorporar varias notas periodísticas que nos ofrecen pantallazos sobre diversos aspectos en relación con el tema, además de poner en evidencia la vigencia creciente que el mismo tiene en los tiempos que corren.
En mi mirada, los trabajos citados configuran un conjunto de materiales que remarcan diferentes perspectivas y facetas de este acuciante problema contemporáneo.
Planteo a continuación algunos interrogantes que considero pueden colaborar a definir aspectos específicos del problema y a encauzar la curiosidad que despierta las ganas de investigar…
- ¿Cómo fui percibiendo los matices de estas situaciones?
- ¿Cuáles fueron los indicios que me hicieron mella y sembraron interrogantes?
- ¿Cuándo descubrimos la posibilidad de crear ámbitos para lograr que el trabajo nos enriquezca y nos lleve a mejorar la calidad de vida tanto de los otros como la propia?
- ¿Dónde ampliar nuestros horizontes en vez de restringirlos?
Intentando ser un “profesional reflexivo” como plantea Donald A. Schön en “La formación de profesionales reflexivos” vayamos deconstruyendo la historia:
Mi primer trabajo profesional fue como maestro de escuela.
Al iniciarme en la tarea estaba convencido que era lo mejor que me podría pasar en la vida. Las primeras suplencias me llevaron a recorrer diversas escuelas, en ellas me encontraba con unos personajes particulares: las secretarias. En general eran maestras que habían decidido no ejercer nunca más frente al grado.
Me pregunté: “¿Cómo puede ser que una persona, después de determinado tiempo, llegue a rechazar este rol?” Así descubrí que la mayor parte de las secretarias de las escuelas públicas estaban trabajando en lo que se denominaba “tareas pasivas”. ¿Y qué quiere decir “tareas pasivas”?: lisa y llanamente, no estar en el aula, no estar en contacto permanente con los alumnos.
Conversando con ellas descubrí que en su mayoría habían empezado su carrera como maestras trabajando desde el entusiasmo, desde ilusiones iguales a las que teníamos mis compañeros y yo cuando terminamos quinto año y cantábamos orgullosos en el obelisco: “¡La niñez argentina quiere un maestro varón!”
También nosotros en el camino nos íbamos a dar cuenta de que por más buena voluntad que tuviéramos, nuestra capacidad de acción se iba a ver limitada.
Hoy sabemos que uno de los factores de riesgo remite a la subjetividad de cada profesional o sea que depende de los propios ideales en relación a la tarea.
Las investigaciones que rastrean las características de las personas más propensas a ser afectadas señalan la amplitud y aún el exceso de aspiraciones en lo que se refiere al cumplimiento exitoso de la tarea a pesar de la adversidad de las situaciones en las que se actúa. Así cobran relevancia, a la par de las expectativas de cada uno, la situación de contexto tanto sociopolítica y económica como cultural.
Otra de las sorpresas con que nos encontramos fueron los paros docentes.
Durante nuestra formación nos habían hablado del importante rol que los docentes teníamos en la sociedad y el reconocimiento que éste recibía. Ahora nos encontrábamos inmersos en la lucha por nuestros derechos como trabajadores.
Así, entramos de lleno en la problemática de la modificación de las pautas propias de la actividad debido a disminución de salarios, cesación de contratos, despidos explícitos e implícitos, en síntesis: la incertidumbre y la inseguridad.
Tanto la incertidumbre como la inseguridad propias son también las del contexto, constituyen variables presentes en la cotidianeidad y ejercen un potencial destructor que enhebra a maestros, alumnos, padres, médicos, pacientes, enfermeras, abogados, asistentes sociales, etc.
Así cada profesional y las personas por él acompañadas/atendidas/tratadas van integrando un mismo circuito de pérdidas y sufrimientos que probablemente sobrepasen las capacidades de procesamiento espontáneo de cada uno.
Queda materializada una distancia en el encuentro entre el maestro y el alumno, entre el médico y el paciente, entre quiénes atienden y sus clientes; la que muchas veces es también una reacción a la sobre-implicación y a la falta de canales adecuados para procesar los aspectos del vínculo que lo requieran.
La empatía con el otro se quiebra produciendo conflictos y situaciones disruptivas en los vínculos que son denunciadas/descriptas/planteadas, en la actualidad, por los medios periodísticos.
Como muestra de ello he escogido algunas publicaciones que me han resultado relevantes:
- “Desencuentro entre médicos y pacientes” Nota de Santiago Kovadloff publicada en La Nación el domingo 20 de agosto de 2006 (http://afrontarprocesardesensibilizar.blogspot.com/2009/10/desencuentro-entre-medicos-y-pacientes.html);
- “Burnout: el desgaste de la vocación” Nota de Rosario Fernández Arias publicada en “Tu estilo Galicia” ( http://www.varones.com.ar/burnout.php );
- “Psiquiatras, víctimas del estrés laboral” Nota de Darío Palavecino Corresponsal en Mar del Plata de La Nación – Nota Publicada el Sábado 2 de mayo de 2009 (http://afrontarprocesardesensibilizar.blogspot.com/2009/07/burn-out.html );
Surge entonces una tensión permanente en aquellas personas que están en su día a día en contacto continuo con la congoja, el dolor, el enojo, la decepción, la rabia, la decepción, la pérdida, etc.…
Esta tensión, producida por el estar expuesto de manera crónica y aguda al relato de situaciones traumáticas y al contacto con quienes las padecieron, es lo que hoy denominamos “trauma vicario”
La escucha de las narraciones de las personas que padecen suele producir un efecto inesperado: lo que describen funciona como un impacto desmedido en el sistema de procesamiento de quien escucha, debido por lo general a la gravedad del relato y a la reiteración de los mismos a más de la carga emocional y corporal con que suelen estar implícitas.
El profesional necesita procesar dichas narraciones pero podríamos pensar que se “tilda” su sistema. Entonces es posible que surjan en él sentimientos ambivalentes que le resulten ajenos a su manera de sentir y se generen ciertos niveles de disociación.
Podemos decir entonces que trabajar en vínculos estrechos con otros que nos ponen en contacto con diversos niveles de padecimiento, y que nos generan algún nivel de resonancia, puede tener consecuencias devastadoras.
Considero fundamental que podamos reconocer este aspecto problemático que puede implicar el vinculo que cada persona/profesional establece con quienes lo consultan en el contexto institucional, social, económico, político y cultural en el que se desempeña. Percibir la dimensión que cobra permite visibilizarlo y caracterizarlo de acuerdo a las fases de su desarrollo: desgaste por empatía, burn out, trastorno de estrés post traumático.
Por lo tanto sostengo que cuando nuestro trabajo implica la construcción de vínculos estrechos con quienes nos convocan desde sus diversos niveles de padecimiento, se hace indispensable tener en cuenta que los profesionales requerimos cuidados y también del amparo que brinde tanto la institución como el contexto en el que estamos insertos.
Todo esto en el marco de nuestros ideales como profesionales, lo posible y nuestra capacidad de cuidarnos a nosotros mismos.
¿Qué hacen los deportistas en su trabajo?
La mayoría de nosotros tenemos conciencia de que, además de haberse capacitado, entrenan cotidianamente, se preparan física y nutricionalmente. Antes de una competencia se concentran como parte de su preparación.
Así es que nos parece normal que un jugador de pelota, un deportista y un artista requieran de un entrenamiento permanente y un cuidado especial antes de sus presentaciones.
Me pregunto y les pregunto…
- ¿Cuál es el entrenamiento que requiere nuestro trabajo?
- ¿Quién se encarga de nuestra formación permanente?
- ¿Cuál es nuestra rutina de ejercicios cotidianos para no lesionarnos en la cancha?
Estas “lesiones” aparecen en la vida de ciertos profesionales ocasionado una declinación en su capacidad para experimentar satisfacción y/o para cuidar de otros y son el resultado del agotamiento espiritual, emocional, y físico.
La clínica cotidiana nos muestra que quienes se abocan al cuidado de otros comprometiendo su compasión durante un período de tiempo pero que simultáneamente no son capaces de crear una perspectiva suficiente para tranquilizarse a sí mismos, tienden a deteriorar su calidad de vida aumentando las patologías psiquiátricas y desarrollando enfermedades somáticas.
El deterioro en la vida laboral de una persona puede tomar desde semanas hasta años antes de manifestarse.
En cualquier caso podemos reconocer una secuencia de tres momentos:
1. Seducción por la puesta en marcha de la profesión elegida, por el camino hacia el logro de las metas e ideales.
2. Con el pasar del tiempo comienza la adaptación a las posibilidades que ofrece el medio en detrimento de las ilusiones, empobreciéndose y dando espacio al surgimiento de síntomas, tanto físicos como psíquicos. Así se va perdiendo el entusiasmo inicial y encontrándose con el tedio en el desempeño del rol. Es el comienzo de la llamada “fatiga profesional”
3. En el tercer momento las defensas colapsan y la enfermedad se instala, entonces las personas aceptan las frustraciones desde la resignación y el malestar como parte de lo cotidiano. Suelen retraerse o estar malhumorados casi todo su tiempo laboral. Pierden la capacidad de sentir empatía por otro, degradando su posibilidad de sentir y de cuidar.
Otros síntomas que ponen evidencia el “burn out” suelen ser:
- La creciente dificultad para la toma de decisiones
- La merma en la creatividad y en la búsqueda de nuevos recursos
- Mayores esfuerzos para lograr concentración
- Un aumento significativo de las situaciones de olvido
Estas situaciones suelen generar sentimientos de perplejidad, irritación, enojos, sensación de impotencia, llegando a aborrecer la actividad laboral.
Llegamos justamente al quiebre de la vocación, de la identidad profesional, del rol laboral, que es lo que consideramos quemado, y observamos una amplia repercusión en otras áreas de la conducta de la persona que es profesional.
Es conveniente reconocer también la presencia de diversos factores que suman a la instalación del burn out: instituciones que imponen altas sobrecargas de tarea, entornos desfavorables, horarios excesivos, falta de reconocimiento, o peor aún, excesos en las críticas de los superiores jerárquicos y de los pares. Esta sumatoria pone en riesgo tanto la integridad como el desempeño de las personas.
Reconocida la necesidad de una instancia de cuidado, hemos llegado a la pregunta por el “cómo”:
- ¿Cómo trabajar para mejorar la calidad de vida?
- ¿Cómo instalar este trabajo entre nosotros?
Hace algunos años coordiné un programa de “Saneamiento del rol profesional, supervisión y formación permanente” en el Hospital Pirovano para un equipo de colegas encargados de la atención de niñas y niños. Este programa venía teniendo escasa repercusión entre los médicos, incluso era rechazado por algunos.
Al final del año comenzaron a visibilizarse situaciones como alcoholismo, agresión y autoagresión en los profesionales, la gremial médica se contactó con nosotros: ¿Qué es lo que están haciendo Uds.? ¿Podríamos implementar algo para el hospital en general?
Así nacieron unas Jornadas que permitieron problematizar estas situaciones que hasta ese momento solo se comentaban en los pasillos desde la angustia y la desesperación. A partir de allí dejamos de trabajar sólo para los que sabían del programa y estaban sensibilizados con el tema.
Ante los hechos consumados, aparecía la necesidad de dar respuesta al desgaste de los profesionales…
Este tipo de situaciones tiene lugar cuando la atención primaria, la prevención, llega tarde y se produce el pasaje al acto: alcoholismo, tabaquismo, situaciones extremas de violencia, maltrato dentro de la familia, e inclusive situaciones de atentar contra uno mismo, a veces explícitas, y a veces implícitas bajo la forma de accidentes.
Nos encontramos entonces en una situación más complicada que el burn out, estamos francamente ante un cuadro de estrés post-traumático, generado desde la exposición permanente al dolor y el padecimiento vivido y relatado por otros, que agravado por las circunstancias poco favorables institucionales nos coloca en la situación de trauma “vicariante” ya mencionado.
En ese momento el tipo de abordaje requerido es distinto, ya no estaríamos en un plano preventivo, sino que ahí tendríamos que plantearnos en simultáneo un trabajo con el conjunto a nivel de atención primaria y un tratamiento focalizando en el profesional que ha pasado a estar enfermo.
En esta instancia, en estos niveles en los que el estrés post-traumático ya está instalado, considero que el trabajo más eficaz a realizar es a partir de la implementación de técnicas como el EMDR que apuntan a la desensibilización y el reprocesamiento desde una perspectiva holística abordando integralmente las áreas de la conducta.
Volviendo a la idea que quiero desarrollar en este seminario, me interesa enfocar el momento previo del estadío del cuadro declarado de stress post traumático; el momento donde es posible la prevención: el curarse en salud, cuidar de uno mismo con otros, me interesa hablar de la manera de abordar esta problemática en los grupos que caracterizamos como: “saneamiento del rol profesional”.
Estos grupos nacieron con la idea de poder tomar en cuenta lo que vamos viviendo como profesionales en el ejercicio del rol, en circunstancias cotidianas de trabajo, poder compartir con otros profesionales lo que nos van sucediendo y lograr que los obstáculos con los que nos vamos encontrando dispongan de un espacio para ser desensibilizados, procesados y que generen aprendizajes.
Estoy hablando de las situaciones donde nos sentimos incómodos, trabados, esas situaciones que cada uno de nosotros podemos reconocer y tener presentes, ya sea porque no nos dejan dormir, o porque son las que aparecen en nuestros pensamientos cuando vamos yendo de acá para allá, que se nos tornan problemáticas y para las que en la mayoría de los casos no tenemos ámbitos pensados o validados para poder afrontarlas.
La propuesta es contar con un espacio grupal donde reconocer este tipo de situaciones, y poder abordarlas con otros, de forma tal que a través de un trabajo lúdico y creativo podamos lograr que esto que aparecía como un obstáculo comience a ser aprovechado para trabajar con otros produciendo un aprendizaje que nos permita salir nutridos y con nuevas herramientas para el desempeño del rol.
Pienso la importancia de lo lúdico y el humor retomando conceptos de Winicott que nos mostraba como los chicos que no juegan al no tener oportunidad de elaborar y procesar las experiencias de su vida, enfermaban.
Algo parecido sucede con nosotros cuando no nos damos la oportunidad de jugar.
En esta dirección, en mi práctica profesional y en el trabajo con otros me ha resultado muy útil la implementación de los trabajos grupales con la incorporación de psicodrama como facilitador para poder considerar nuestro quehacer en el marco de la formación permanente, la supervisión y el saneamiento del rol profesional.
Respecto de la dimensión grupal cabe hacer algunas puntuaciones: juntar personas a trabajar sobre un tema en común que los convoca no necesariamente es un dispositivo que garantice el éxito del encuentro. Es fundamental el dispositivo que implemente el coordinador de acuerdo a cada situación.
En épocas como la actual donde el individualismo se ha incrementado en niveles inimaginables, reunir gente puede generar una circunstancia donde todos se sientan amenazados y no se visibilice la interdependencia ni la solidaridad.
Hemos desarrollado esta cuestión con la Lic. Ana María Rothman tanto respecto de los grupos terapéuticos como de los llamados grupos de supervisión en los artículos: “Una clínica grupal psicodramática templada en tiempos de crisis” y “Control, Supervisión, Covisión, devenires en el análisis de la articulación persona-rol profesional” Quien quiera profundizar sobre esta cuestión los mismos están disponibles en la sección artículos de www.clinicasgrupales.com.ar,
El psicodrama como concepción de lo grupal tiene la virtud de integrar lo corporal, la acción, lo emocional y la palabra. Niveles de abordaje que a mi juicio son imprescindibles de tener en cuenta simultáneamente para un procesamiento y elaboración de este tipo de situaciones que repercuten nocivamente en la articulación rol profesional / persona.
Recordemos que cuando se habla del proceso de burn out, del quemarse, lo que se quema es la vocación, la identidad profesional, el rol profesional, pero este proceso repercute en todas las áreas del desempeño de la persona.
Durante mi época de maestro nos reuníamos los sábados con el equipo de los docentes para jugar, tomar mate, pero además de eso compartíamos lo que nos estaba pasando con nuestros respectivos cursos, cómo nos sentíamos frente a los alumnos y sus circunstancias, etc. Significaba compartir entre pares lo que nos estaba pasando, poder conversarlo y sentirnos acompañados, darnos cuenta de que las vivencias no eran cuestiones individuales, sino cosas que nos ocurrían a todos.
Ese fue el momento donde nació la conciencia de que poder compartir entre pares, a nivel profesional, acerca de los devenires en el marco de las tareas que cada uno realiza permite acceder justamente a un saneamiento del rol profesional: curarnos en salud y poder conservar ese entusiasmo, esas ganas desde las que nos volcamos a realizar nuestra actividad.
La elaboración y procesamiento de las situaciones que nos dañan en el desempeño de nuestro rol laboral requieren un abordaje en un clima de seguridad psicológica, contención y confianza que permita abrir simultáneamente todos los candados de las diversas compuertas en que hemos confinado lo que se ha constituido en el dolor, la ofensa, y la vergüenza que dicha circunstancia conlleva para nosotros mismos.
Para ello necesitamos abordar las situaciones simultáneamente desde todos los niveles de inscripción logrando producir un efecto de elaboración y procesamiento holístico.
Afrontar el impacto de un suceso traumático en un aspecto parcial fomenta la disociación, como tan claramente describía la frase “ahora lo entiendo, pero me sigue pasando”. La idea es tener en cuenta el impacto que cada hecho tiene para cada persona en todas las áreas de la conducta: corporal, emocional, cognitiva y relacional.
A partir de estos desarrollos quiero resaltar un hecho: cuando una persona pasa por una experiencia traumática, de cualquier calibre, a partir de la cual comienza a padecer dolor psíquico, pudiendo ser éste reconocido o no, el impacto por ese hecho traumático aparece en todas las áreas de su existencia: corporal, emocional, cognitivo y relacional.
Para poder hacer un tránsito eficaz de procesamiento y desensibilización, mirar el mundo de posibilidades que es el futuro sin que el pasado actúe como cristal turbio; concebir cada obstáculo como una nueva oportunidad, habilitar el contacto con sus emociones y con la creatividad, experimentar la satisfacción de apostar a los proyectos propios, retomar el contacto con los deseos, salir del aislamiento incorporando a los otros como aliados, descubrir la propia potencialidad, sostener y/o recuperar la alegría y la esperanza en las tareas cotidianas para posicionarnos como arquitectos de nuestro futuro, considero que se hace necesario abordar el trabajo en forma simultánea en todas estas dimensiones: corporal, emocional, cognitivo y relacional.
Para ello quiero hacer hincapié en los fundamentos desde los cuales abordamos estas problemáticas en los grupos y puntualizar algunos aspectos que considero esenciales de los dispositivos grupales que pueden generar las condiciones para que se faciliten procesos de elaboración donde lo constructivo predomine a lo destructivo.
En muchas oportunidades he elegido el nombre “Entusiasmo y pasión en el desempeño del rol profesional” para nombrar talleres de prevención primaria centrados en la problemática que venimos analizando. La intención fue poner el foco en una enunciación desde una perspectiva positiva respecto de la problemática del Burn out y el Estrés Laboral. Podríamos decir también que estaba poniendo el acento en el desarrollo del potencial humano del cliente interno, como se suele escuchar decir hoy en ciertos ámbitos ligados a la capacitación.
Investigando las prácticas sobre el cuidado nos encontramos que para los filósofos griegos el término epimeleia designa todo un conjunto de ocupaciones. “El cuidado de sí” era una práctica permanente de toda la vida para asegurar el ejercicio continuo de la libertad, esta cura es una construcción para la cual un eje fundamental es el entusiasmo y la pasión.
Nota Decidí celebrarme todo el día de Eduardo Pavlovsky Publicado en Pagina 12 sección Psicología el Miércoles, 12 de marzo de 2008 (http://entrevarones.blogspot.com/2009/10/decidi-celebrarme-todo-el-dia.html)
Para poner la lupa sobre la vivencia de la tensión permanente entre lo destructivo y lo constructivo, entre los recursos y las amenazas, que deviene en sensación de vulnerabilidad o fortaleza voy a compartir con ustedes un fragmento del libro “Las ciudades escondidas” de Italo Calvino.
“El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo.
La segunda es riesgosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué en medio del infierno, no es infierno y hacerlo que dure y darle espacio”.
Elijo las palabras de poetas para profundizar en algunos aspectos que me parecen esenciales a la hora de implementar dispositivos ya que considero que las metáforas tienen una especial potencia en tanto conjugan diferentes dimensiones como la emocional y la racional así como también nos abren a la multiplicidad de los sentidos posibles desde una perspectiva inclusiva.
En el Primer Congreso Internacional de Psicotraumatología tuve la oportunidad de conocer los estudios a cerca del trauma del Dr. Bessell Van de Kolk y las formas de abordarlo terapéuticamente.
Hubo un concepto que me quedó resonando y es el hecho de que los mayores traumas surgen de la terrible vivencia de que el peligro viene de parte de un semejante y que es el resultado de las cosas horribles que hace el hombre con sus congéneres.
Es por ello que en las propuestas de trabajo grupal que sostengamos es fundamental recuperar la condición del otro como semejante con quien construir un vinculo de confianza mutua, respeto, encuentro y trabajo en equipo, teniendo en cuenta que vamos en una dirección contra la cultura del “sálvese quien pueda”, bastante expandida en nuestro presente, donde el mayor acto de micro política revolucionaria es cultivar la amistad versus el poder como describe Dardo Escavino en la Nota publicada en el suplemento Cultura y Nación de Clarín, el 25 de abril de 1999 (http://www.varones.com.ar/amistadversuspoder.php)
Para hacer hincapié en la idea de lo amoroso en los vínculos decidí tomar un fragmento de Humberto Maturana:
“El amor es la emoción que constituye las acciones de aceptar al otro como un legítimo otro en la convivencia; amar es abrir un espacio de interacciones recurrentes con otro en el que su presencia es legítima sin exigencias. El amor no es un fenómeno biológico raro ni especial, es un fenómeno biológico cotidiano. Más aún, el amor es un fenómeno biológico tan básico y cotidiano en lo humano, que frecuentemente lo negamos… ”
Esta reflexión me lleva a evoca la idea de ” hospitalidad ” singularmente abordada en el prólogo al libro “De La Hospitalidad” de JACQUES DERRIDA y de vital importancia para concebir el acogimiento de los integrantes en un grupo.
Dice Mirta Segoviano:
“…La hospitalidad se ofrece, o no se ofrece, al extranjero, a lo extranjero, a lo ajeno, a lo otro. Y lo otro, en la medida misma en que es lo otro, nos cuestiona, nos pregunta. Nos cuestiona en nuestros supuestos saberes, en nuestras certezas, en nuestras legalidades, …Introduce una cierta cantidad de muerte, de ausencia, de inquietud allí donde tal vez nunca nos habíamos preguntado, o donde hemos dejado ya de preguntarnos, allí donde tenemos la respuesta pronta, entera, satisfecha, la respuesta, allí donde afirmamos nuestra seguridad, nuestro amparo…. Amparamos, pues, a lo otro, al otro, lo alojamos, hospitalariamente lo hospedamos, y eso otro, ese otro ahora por nosotros amparado nos pregunta, y nos confronta con ese ahora nuestro desamparo…”
Así un dispositivo grupal podrá ser inclusivo y eficaz tanto para quienes recién comienzan a desempeñar su tarea, enfrentándose a situaciones que los sorprenden o desconciertan como para quienes hace tiempo que desempeñan su trabajo y perciben en él sensaciones de contrariedad, inseguridad, pérdida de autoestima, mal humor, agresividad, aburrimiento, tristeza, culpa, angustia, intolerancia, cansancio, etc.
Para insistir en el clima imprescindible para este tipo de trabajo quiero compartir un cuento/metáfora que alude a la concepción de lo grupal a que estoy haciendo referencia y que considero necesitamos sostener.
CIELO E INFIERNO La Verdadera Diferencia
Un hombre hablaba del cielo y del infierno con el Señor.
El Señor le dijo al hombre: Ven, Te mostraré el infierno….
Entraron en un cuarto donde había un grupo de individuos sentados en torno de una gran olla de guiso. Todos estaban famélicos, desesperados y muertos de hambre. Cada uno tenía una cuchara que llegaba a la olla, pero todas las cucharas tenían un mango tanto más largo que su propio brazo que no podían usarla para llevarse el guiso a la boca. El sufrimiento era terrible.
Ven, ahora te mostraré el cielo – dijo el Señor…. después de un rato….
Entraron en otra habitación, idéntica a la primera: la olla del guiso, el grupo de personas, las mismas cucharas largas… Pero allí estaban todos felices y bien alimentados…!!!
No entiendo – dijo el hombre – ¿Cómo es que aquí están felices y en el otro cuarto estaban todos tristes, si todo es igual??
El Señor sonrió…. Ah, muy simple, dijo, ¡aquí aprendieron a alimentarse unos a otros!!
Como decimos en nuestro trabajo se trata de recuperar el modelo de “todos para uno y uno para todos”
Para concluir quiero proponerles la lectura de una novela breve pero muy interesante: “El africano” (autor J.M.G. Le Clèzio Traducida por Juana Bignozzi y publicada por Adriana Hidalgo en octubre del 2008) es la historia de la vida de un varón plasmada por su hijo – escritor- en la que va describiendo las etapas de la vida partiendo del estadío juvenil lleno de vitalidad, búsqueda de autonomía, deseos de realización personal y de brindarse a la comunidad.
Luego aparece la confrontación con las limitaciones del accionar propio, producto tanto del nivel idealizado de la propuesta inicial, como de las dificultades inherentes al desafío, así como también de la falta de recursos y de apoyo institucional. Así llegamos al capítulo que finaliza con la frase: “Qué hombre se es cuando se ha vivido algo así“
A partir de allí se esboza un intento de comprender el vínculo que este hombre pudo establecer dentro del seno familiar y en especial como padre. Va concluyendo mientras describe las posibilidades y limitaciones de su proyecto de vida al cerrar ese ciclo laboral, en alguna medida fundido con el ciclo de su propia vida. Si bien el proyecto laboral/ profesional es un aspecto del proyecto de vida, es muy importante hacer la discriminación, en tanto el ciclo laboral es “un” ciclo en la vida, pero no necesariamente el único.
Desde esta perspectiva el autor encuentra la posibilidad de contactar con el dolor de estas circunstancias, que fueron determinantes para la relación con su padre y desde allí se trasluce un tono de aceptación y perdón que lo habilita a la conexión posible con él y al homenaje a su vida que representa esta historia donde queda reivindicado el sueño de juventud en el nombre elegido para el padre y su obra, el libro.
Veo en ese periplo la posibilidad de empatizar con la vida del padre cuando él lo puede observar de adulto a adulto.
En este sentido es interesante tener en cuenta la reflexión de Freud en la reinterpretación de su sueño como regalo a Romain Rolland (http://entrevarones.blogspot.com/2009/10/carta-de-freud-romain-rolland.html), donde se pone de manifiesto la mirada diferente que podemos tener respecto de nuestro padre en los diferentes momentos/ciclos de nuestras vidas.
Estas lecturas nos abren la posibilidad de que cada uno pueda reflexionar sobre la articulación persona/rol profesional y la problemática del burn out en referencia a una historia de vida.
Por último considero que sería interesante que cada uno pudiera contarnos en qué dispositivos de cuidado está incluido y cuáles le parecería interesante crear y sostener a partir de estas reflexiones.
Lic. Guillermo Augusto Vilaseca – vilaseca@retina.ar
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