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La pasión por desplegar posibilidades

Pinceladas de algunos  recorridos
«Desde chico yo tenía en el mirar,  

esa loca fantasía de volar”

 Eladia Blázquez
De niño me maraville con el fenómeno de la germinación.

Comenzando por esas semillas de alpiste que escapaban a ser alimento de los canarios y se escondían en los intersticios de las baldosas del patio o en algún huequito de las rugosidades de la pared y a las que se les podía cantar piedra libre cuando empezaban a brotar las sutiles briznas verdes.
En la escuela primaria me apasionaba estudiar en vivo y en directo el proceso de la germinación del poroto, las lentejas y los garbanzos.

Un poco más grande descubrí que se podía hacer algo parecido con el carozo de la palta que cuando creció lo suficiente transplantamos al campo de un amigo y disfrutamos sus frutos años más tarde.

Lo intente con semillas de pino pero no logre completar el proceso, los tres que hoy son arboles que bordean la calle Tucumán en San Bernardo Mamá y Yo los trajimos chiquitos de un vivero.

La maravilla de ese germen de vida contenido, que bajo ciertas condiciones se despliega, me sigue sorprendiendo con sus formas y maneras peculiares.

Hoy miro el camino recorrido a lo largo de mi vida y me doy cuenta que un eje importante ha sido ser útil para que otros desarrollen sus posibilidades y sus potencialidades. Recuerdo un fragmento del libro “Las ciudades escondidas” de Ítalo Calvino:

“El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo.
La segunda es riesgosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué en medio del infierno, no es infierno y hacerlo que dure y darle espacio”.

Siendo maestro en escuelas primarias públicas de la Ciudad de Buenos Aires tuve la oportunidad de acompañar a niños y niñas en etapas de plenas posibilidades en su desarrollo a partir de experiencias vivenciales que contribuyeron a su formación como personas.
Cuando me desempeñe como profesor de matemática, física y cosmografía en escuelas secundarias, en Institutos Terciarios, en el ingreso a la Universidad y en la Universidad misma tomé claramente contacto con las dificultades en la aprehensión del razonamiento lógico sobre todo para quienes venían cursando caminos que habían tenido más que ver con  la información memorística que con la comprensión a través del razonamiento incorporado a partir de vivencias.

El diseño de dispositivos especiales para tornar aprehensible el pensamiento lógico matemático y facilitar que cada alumno transcurra por una experiencia que le permita descubrir sus capacidades en ese dominio me fue acercando a la teoría de la inteligencia, la psicología educacional y la psicología en general.

Así fue como cree un método de enseñanza de la matemática, la lógica y la estadística con el cual acompañe durante diez años a alumnos de las carreras de humanidades (en su mayoría prófugos de las ciencias exactas) a descubrir sus capacidades y posibilidades en ese aterrador encuentro inesperado con sus archienemigos en la curricula de la carrera elegida.

Imbuido de estos ideales y desafíos que implicaban la posibilidad de transformarme en un practicante contemporáneo de la Mayéutica Socrática tuve la oportunidad de incorporarme a los Centros del Lenguaje. Espacios al servicio de las escuelas primarias públicas de la Ciudad de Buenos Aires donde se brindaba asistencia a los niños y niñas con dificultades en el aprendizaje en el marco de tratamientos grupales.

Descubrir la potencia del dispositivo grupal me fue acercando a la Psicología Social, jugar en los grupos como experiencia de aprendizaje me emparentó con el pensamiento Winicotiano y con el Psicodrama.

En este camino se despertó en mí la pasión por la psicología y en mi formación me interesaron particularmente las investigaciones de Jean Piaget, Pichón Riviere, Sigmund Freud y Jacob Levi Moreno, entre otros. Con ellos aprendí la aventura de sostener los interrogantes que genera la práctica clínica cotidiana y a reconocer los límites e imposibilidades de los tratamientos establecidos como válidos en una época.

La libertad de pensamiento de mis maestros y este interés por descubrir nuevas herramientas me llevó por diferentes caminos: tanto los que hacen foco en el aspecto verbal de la comunicación, como aquellos que se centran en lo corporal, lo emocional, lo cognitivo y lo relacional.

Así  incursioné, a lo largo de los años, en las Técnicas Corporales, el Psicoanálisis, la Gestalt, el Psicodrama, la Psicología Social, la Teoría Sistémica, el Cognitivismo y en Movimientos Oculares de Desensibilización y Reprocesamiento – EMDR –  entre otras.

A partir de la práctica clínica, las investigaciones y desarrollos que vengo realizando considero que cuando una persona pasa por una experiencia traumática de cualquier calibre a partir de la cual comienza a padecer dolor psíquico, pudiendo ser éste reconocido o no, el impacto por ese hecho traumático aparece en todas las áreas de su existencia: lo corporal, emocional, cognitivo y relacional inhibiendo su potencial.

Para poder hacer un tránsito eficaz de procesamiento y desensibilización, posibilitar una reinserción en el aquí y ahora; mirar el mundo de posibilidades que es el futuro sin que el pasado actúe como un cristal turbio velando el horizonte; compruebo una y otra vez que se hace necesario abordar el trabajo en forma simultánea en todas las áreas de la conducta.

Así acompaño hoy, en el marco de los procesos de reciclado, el pasaje de los múltiples ciclos en los que los seres humanos vamos abandonando la condición  de victimas y asumiendo un rol de protagonista gestándonos nuevos en cada etapa.

Hoy percibo que mi fascinación por la germinación estuvo siempre. Se hace presente en la clínica cotidiana en esta pasión por generar las condiciones que posibiliten procesos de aprendizaje y desarrollo de potenciales en los que cada persona  pueda desplegarse en un mundo de abundancia y oportunidades.
Lic. Guillermo Augusto Vilaseca

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