Por una vida llena de piedras…
El distraído tropezó con ella.
El violento la usó como proyectil.
El emprendedor construyó con ella.
El caminante cansado, la usó como asiento.
Para los niños fue un juguete.
Drummond hizo poesía con ella.
David mató a Goliat.
Michelángelo extrajo de ella, la más bella escultura.
En todos los casos la diferencia no estaba en la piedra, sino en el hombre.
No existe piedra en tu camino que no puedas aprovechar para tu propio
crecimiento. Por una vida llena de piedras.
Si te interesa este artículo también puede interesarte:
| Imprimir artículo | Este artículo fue publicado por Lic. Guillermo Vilaseca el 9 agosto 2010 a las 11:59 AM, y está archivado en Poesías. Sigue las respuestas a esta entrada a través de RSS 2.0. Puedes dejar un comentario o enviar un trackback desde tu propio sitio. |


















Comentarios en Facebook