Un buen cuento

unnamed2“El viejo Schurz- dijo el capitán- era usurero. En mi opinión los usureros son benefactores de la humanidad y principalmente de la caballería. No me mire de ese modo. Un oficial de caballería tiene dos atributos indispensables: el caballo y los aprietos financieros. Los amigos que lo ayudan  ocasionalmente con pequeños préstamos son apenas médicos que recetan un comprimido para el dolor de cabeza; pero los usureros son los grandes cirujanos que nos salvan la vida con una operación importante. Vuelvo a repetirlo, el viejo Schurz era un usurero.
“En esa época yo jugaba a los naipes. Schurz vivía en la ciudad de Arad, porque allí estaba acantonado un regimiento de húsares. A un buen prestamista nato no le gusta la infantería ni la artillería, sólo la
caballería. Y no se limita a prestarles dinero únicamente a los oficiales, sino que se encarga también de otros asuntos de ellos.
“En general considerábamos que era un sujeto decente. Los oficiales no sólo lo apreciaban sino que confiaban en él, a tal punto que cuando alguno era transferido a otra ciudad, sin importarle a dónde el destino lo llevase, seguía siendo cliente del viejo Schurz durante años. Había quienes, queriendo hacerse los graciosos a todo trance, lo llamaban Shylock. Eso siempre me pareció una vil ingratitud.
“Por entonces me trasladaron de Arad a Budapest. Allá, naturalmente, yo jugaba más que nunca. Perdí y me vi en un grave aprieto financiero.
“Yo tenía un antiguo anillo de familia, valioso, y resolví venderlo.
Evidentemente, no pensé en nadie más que en el viejo Schurz. Era un caso de suma urgencia. Tomé el anillo, lo puse en su viejo estuche de cuero rojo, lo envolví y mandé por correo al viejo Schurz en Arad, con una breve y categórica esquela.
“Le escribí: “ Le envío adjunto mi viejo anillo de familia. Si quiere dar tres mil coronas por él, guárdelo. En caso contrario devuélvame inmediatamente el anillo. No aceptaré ni un céntimo menos. Nada de gangas.”
Y me quedé esperando la respuesta.
“Al cabo de dos días recibí un telegrama. Contrariando mis instrucciones, el viejo Schurz intentaba regatear. Decía: “ Anillo no vale tres mil. Doy dos mil como máximo.
“Furioso contesté: “ Precio de anillo tres mil. No ganga”
“Al día siguiente llegó otro telegrama. El viejo zorro seguía regateando:
“ Ofrezco dos mil quinientas, definitivamente nada más”
“Frente a eso perdí la paciencia y telegrafié: “Anillo tres mil. No ganga.
Devuélvalo inmediatamente”
“Transcurridos algunos días recibí un paquete por correo: era de Schurz.
Contenido: anillo. Abrí el paquete. Ahí estaba el estuche cuidadosamente atado y lacrado. Sobre el mismo había una esquela del viejo Schurz: me importunaba regateando una vez más, de la siguiente manera: “Como perito le digo que eses anillo no vale tres mil coronas. Jamás obtendrá ese precio en lugar alguno del mundo. Mientras tanto, como usted me agrada, elevo mi última oferta de dos mil quinientas a dos mil ochocientas coronas. Es mi última palabra. Si lo quiere vender a este  precio, no abra el estuche y remítamelo como está. Enviaré el dinero al día siguiente. Si no acepta las dos mil ochocientas coronas, quédese con su anillo. No lo compraré.”
“Quedé profundamente amargado al leer esto. Me hice la promesa de no vender el anillo más barato, no lo remitiría de vuelta y trataría de vendérselo a otro.
“Exasperado, rompí el lacre y abrí el estuche de cuero rojo. El anillo no estaba. En su lugar había un papelito con las siguientes palabras: “Está bien, está bien, no se enfade, le daré tres mil coronas”.
Enviado por Tomás

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