Conocemos más la capacidad de una compu que la de nuestro cuerpo

Las posibilidades de un cuerpo de lograr plasticidad y flexibilidad son infinitas. Sólo se trata de empezar cada día estirándose como un gato, sostiene este especialista.

Nadie sabe lo que puede un cuerpo. Esta idea del filósofo Baruj Spinoza es asediada por David Cohen desde muchos ángulos. Practicó artes marciales y disciplinas acrobáticas; escaló el Aconcagua. A principios de los años noventa conoció a los hermanos Emil y Mario Valentinov, dos gimnastas búlgaros que le transmiten técnicas corporales de elongación, con las que trabaja desde entonces. Es abogado, pero la elongación, la filosofía y el arte están en el centro de su atención.

¿Qué podemos hacer contra la pasividad del cuerpo y los hábitos que nos llevan al declive?

Hoy hay un distanciamiento del cuerpo. La tecnología hace creer que el hombre puede prescindir de muchas funciones corporales sustituyéndolas por herramientas tecnológicas. Y así conocemos más las capacidades de una computadora que las del propio cuerpo. Nos implicamos en hábitos en donde la inmovilidad es imperativa. Entonces aparece el problema: el desuso, la pasividad. Y es un problema porque no podemos quedarnos quietos si el cuerpo es para el movimiento. Muchas veces por miedo a lastimarnos y sentirnos cada vez más frágiles elegimos no hacer una actividad física y quedamos atrapados en una pasividad riesgosa. El cuerpo es inseparable del movimiento y de la acción, y hacer ejercicios estimula la salud.

¿Hay modos de ser reflexivos y trazar un plan de ejercicios sin violencia contra el cuerpo, sin padecerlo?

Tenemos la fantasía de que para trabajar el cuerpo es necesario realizar actividades físicas que muchas veces se nos presentan como tediosas o agresivas. Asociamos el trabajo corporal a la obligación de repetir sistemáticamente rutinas físicas en las que nos subimos a una cinta durante unos minutos que se hacen eternos o nos sobrecargamos de pesas buscando el aumento de nuestra fuerza. El cuerpo es autosuficiente y no necesita de implementos para ser atendido. Se pueden realizar ejercicios básicos estimulando las partes que componen nuestra estructura: músculos y articulaciones. Y trabajar un músculo involucra al sistema cardiovascular y la articulación que contiene. Cuantas más partes del cuerpo consigamos involucrar en una rutina mejor será nuestra condición física general.

¿Se debería hacer más deporte?

Hacer actividad física se asocia directamente a la realización de algún deporte, pero esta idea es un vicio cultural. En los colegios hay una materia que se conoce por el nombre de “educación física” y en muchos establecimientos se practican e introducen actividades deportivas. Si bien existe un vínculo, antes que practicar un deporte es necesario educar el cuerpo y esto se logra con simples gestos cotidianos. Pensar la educación del cuerpo nos asusta e imaginamos que requiere de un tiempo que no disponemos.

¿Qué tiempo deberíamos darnos?

Quien tenga un perro o gato en su casa podrá ver que no comienzan el día sin antes estirar durante algunos segundos su columna. Atender la educación física requiere de lapsos breves de tiempo a lo largo del día. Hay personas que viven años sin hacer movimientos básicos como por ejemplo aflojar su cadera con movimientos que no llevan más de 15 segundos diarios. Cuidar el cuerpo no lleva tiempo, sólo hay que inscribir los hábitos adecuados para descubrir que contamos con un instrumento que mejora nuestra calidad de vida.

¿Esta manera de ejercitar y experimentar el cuerpo ayuda a la cohesión del yo?

La elongación ofrece una experiencia de intimidad y descubrimiento. Hacer ejercicios de elongación habilita una relación distinta con el cuerpo, pero también incide en el área intelectual. El viejo legado griego sugiere que el gimnasio sea un espacio en el que se pueda estimular tanto el cuerpo como el alma, el mundo de las ideas. La estructura edilicia de los gimnasios consistía en dos grandes habitáculos: en uno de ellos se trabajaban movimientos corporales básicos de elongación, equilibrio y fuerza; en el otro las personas se encontraban para estudiar, pensar y debatir ideas. El trabajo de elongación supone zambullirse en un cuerpo/alma inescindibles, en donde cuando practicamos nos dejamos afectar por ejercicios físicos que no sólo flexibilizan un músculo sino que también lo hacen con una idea.

¿Todo eso implica elongar?

 

Hacer elongación es transitar la distancia que hay entre lo que somos y lo que podemos ser. En cada ejercicio se emprende un viaje en donde nunca sabemos del todo cuántos posibles vamos a alcanzar. En cada ejecución se nos presenta un lugar distinto, difícil de imaginar porque los recorridos son singulares. Elongar es descifrarnos, comprendernos un poco más, reconocernos. La práctica puede ser física o intelectual, el movimiento de traslación es el mismo. No somos los mismos luego de un ejercicio de flexibilidad, como no somos los mismos después de la lectura de un libro.

¿El desenvolvimiento de la elongación se relaciona con el movimiento New Age?

El movimiento New Age aparece con mucha fuerza luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando se sufre una gran crisis de valores. Frente a un acontecimiento tan perturbador surge la necesidad de volver a pensar la espiritualidad alejada de las religiones tradicionales, como así también se produce un cierto rechazo de la ciencia, resurgiendo con fuerza la medicina holística y el misticismo. Si bien soy respetuoso de la cultura New Age, no adhiero a ella. Por el contrario, pienso que es muy valiosa la herencia de la filosofía griega y es un desafío conciliarla con la modernidad que nos toca vivir. Se trata de adoptar las ideas más relevantes de la historia antigua para recrearlas y permitirnos hacerlas dialogar con los muchos acontecimientos que surgen en la actualidad. La “nueva era” no podría ser sin la vieja y prefiero estudiar la mezcla, evitando etiquetas.

¿Cómo se vinculan elongación, yoga y salud?

Piensan el cuerpo como un universo complejo. Habitamos el cuerpo, y como todo lo que habitamos primero debe ser reconocido y explorado para luego vivir saludablemente. La salud es una condición natural que requiere ser estimulada. La salud no es un lugar estable en el que se está, sino una experiencia que se conoce luego de haber trabajado para ello a diario. El yoga se enfatiza como una filosofía de vida, mientras que la elongación es una práctica.

¿Cómo podemos explorar las capacidades de nuestro cuerpo? ¿Todos pueden hacerlo?

Hacer elongación es descubrir que nuestras capacidades se expanden y perdemos los registros de nuestras imposibilidades. Los posibles del cuerpo aparecen mientras practicamos. Muchas veces pretendemos anticiparnos pero esto nunca es factible, el cuerpo nos sorprende y nos muestra escenarios que quedan por fuera del mapa que habíamos trazado. Una de las gracias de hacer elongación es sentir cómo se pierden las referencias y la única regla es la posibilidad. Todos pueden hacer elongación, porque el único requisito es tener un cuerpo. Se trata de desarrollar un eslabonado de ejercicios que se adapte a cada practicante y que le permita avanzar en forma progresiva.

¿En qué sentidos es buena la interacción de personas mayores con jóvenes en la práctica de la elongación? ¿Qué puede aprender un bailarían del Colón de un jubilado?

Es importante el trabajo con grupos heterogéneos y la interacción entre personas que viven experiencias diversas. Cada cuerpo cuenta con una historia única. El cuerpo del bailarín se encuentra a muchos años del cuerpo del jubilado y al mismo tiempo esta distancia puede desaparecer en el contacto que se produce en clase. No hay que subestimar ningún cuerpo. Pocas cosas son más valiosas que dejarse afectar por otro que vive una realidad distinta. El bailarín enciende y vitaliza al jubilado al tiempo que este último lo serena y le transmite experiencia.

¿Cómo pensar, junto a la gimnasia, una dieta? ¿Qué importancia le asigna?

Vivir es aprender a hacer una dieta saludable. El cuerpo, en este sentido, se presenta como un gran receptor en el que nosotros vamos cargando aquellas cosas que creemos que necesitamos. Aquello que cargamos adopta la forma de afectos y estos afectos no son sólo emocionales sino más bien existenciales. Vivir es afectarnos por distintas variables y todo acontecimiento nos deja su marca. Cada vez que hacemos un ejercicio de gimnasia estamos afectándonos. No somos los mismos antes o después de hacer un ejercicio como no somos los mismos después de comer un alimento. Cada uno de estos actos se presenta como afectaciones que pueden componernos, recomponernos o descomponernos. Es de vital importancia comprender qué cosas nos hacen bien –nos componen- y qué cosas nos hacen mal –nos descomponen. Esta experiencia de composición no se puede universalizar, es singular, cada cual tiene que descubrir y aprender su propia dieta. El alimento que a una persona puede fortalecerla a otra puede ocasionarle un grave daño. Spinoza dijo que todo aquello que nos recompone aumenta nuestra potencia de obrar y nos da alegría. Hay una cierta mecánica con la que se pueden pensar los afectos. Aquellas cosas que cargo luego serán descargadas. Uno actúa en función de las cargas de comida o ejercicios que haya realizado. Si como pesado, viviré con pesadez.

¿La dieta se limita a los alimentos o habría que incluir también lecturas, películas y obras de teatro y artes plásticas?

La dieta en términos existenciales implica todo lo que hacemos. Uno no sólo se alimenta de comida, sino también de la música, la lectura, el teatro, el cine, el arte, etc. Los alimentos son infinitos. Es importante elegir aquellas cosas que nos reconfortan y que disfrutamos. La nutrición no sólo es fisiológica, también es intelectual y existencial. No ingiero el mismo alimento si lo hago junto a una persona que quiero, escuchando una música que me gusta y en un lugar que me resulta agradable. Toda la composición de la escena me afecta, por ello es saludable aprender a ser buenos compositores.

A fondo. David Cohen. Profesor de Elongación

Publicado en C l a r í n, 2014.

 

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Lic. Guillermo Vilaseca

Lic. Guillermo Vilaseca

Guillermo Vilaseca es Licenciado en Psicología de la Universidad de Buenos Aires, Terapeuta EMDR, Psicodramatista y Psicólogo Social. Escribió el Libro: Por qué los hombres no entendemos a las mujeres, publicado en 2013 por Ediciones B en Argentina y en 2014 también en México.

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