Entresuelo…


Esa mujer y yo estuvimos pegados con agua.
Su piel sobre mis huesos y mis ojos dentro de su mirada. Nos hemos muerto muchas veces al pie del alba.
Recuerdo que recuerdo su nombre, sus labios, su transparente falda.
Tiene los pechos dulces, y de un lugar a otro de su cuerpo hay una gran distancia: de pezón a pezón cien labios y una hora, de pupila a pupila un corazón, dos lágrimas…
Jaime Sabines

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