Paternidad, confesiones de hombres sensibles

Fui consultado por la periodista Violeta Moraga de la revista Rumbos, sobre el rol del padre en la actualidad. Comparto a continuación la nota que salió publicada el pasado domingo 17 de junio de 2012.

Angustiados, participativos, comprometidos, hoy ellos viven el embarazo casi en igualdad con las mamás. Nuevas formas de vivir la experiencia

 

La liberación femenina fue un fenómeno de dos bandas. Por un lado, las mujeres dejaron de estar atadas a su rol de madres-amas de casa. Y por el otro, los hombres debieron comenzar a volverse parte cada vez más importante del ecosistema de la casa. Esos cambios de rol impactaron en muchos aspectos de la vida cotidiana, entre ellos, en la manera en que se afronta la llegada de un hijo.

Los padres de esta época enfrentan desafíos emocionales que no tienen nada que ver con los que les tocaron a sus propios padres. Por ejemplo, hoy un padre que no está dispuesto a entrar con la mamá a la sala de partos sería prácticamente linchado socialmente. Y eso no era así, tan solo una década o dos atrás.

Los padres treintañeros del siglo XXI, están involucrados como nunca antes en el embarazo y eso los puede convertir, pobrecillo, en seres tanto o más sensibles que la propia mamá.

Ellos tienen la palabra

“Siempre soñé con ese momento, siempre quise ser papá”. Benjamín Morales (27) recuerda aquellos días en que se enteró de que su hija Sofía estaba en camino. A la distancia – ya pasaron 3 años y medio desde aquel entonces – puede hacer un repaso desde la experiencia y construir el gran rompecabezas que fueron esos nueve meses, ordenar tanto sentimiento mezclado en un camino que sólo se conoce transitándolo. “Pero no sabía cómo se iba a dar”. Y fue un poco sorpresa. Estaban a punto de irse a vivir a España con su novia cuando se enteraron de la noticia. “Fue una doble adaptación: a un país nuevo y a un nuevo rol. Lo que más me costó al principio fue conectarme: venía el bebé en camino y yo no tenía ningún cambio hormonal ni físico. Finalmente fui aprendiendo cosas en cada circunstancia. El tema de la paciencia y la comunicación fue esencial. Mi mujer me transmitía las cosas que estaba pasando y yo trataba de involucrarme en los procesos”, dice ahora, de regreso por estos pagos. “Por ejemplo, en los primeros tres meses ella no se podía levantar si no comía algo porque se descomponía. Entonces. Cada vez que me levantaba le hacía unas tostadas. Eso fue para mí involucrarme: preocuparme porque esté bien. Por eso la comunicación fue el puente esencial para que yo pueda participar y hacerme presente”.

Como Benjamín, en la actualidad son muchos los padres que se conectan con la llegada de un hijo desde el embarazo. Los cursos de preparto, donde hoy se los ve levantando la mano para consultar “a cuántas contracciones por minuto” tienen que salir corriendo al hospital lo demuestran. Quizás como dice el psicólogo Guillermo Vilaseca, coordinador de grupos de varones, uno de los resortes fundamentales es que los hombres “se dieron cuenta qué es lo que se perdían por suscribir a un modelo patriarcal que los confinaba a ser meramente proveedores ocupados de las cosas de afuera de la casa”. Y recuerda que antes ni siquiera les daban días de licencia por paternidad, un reclamo que sonaba absurdo. “Pero cada vez se dan más cuenta de que duele perder contacto con esta posibilidad de la vida”, señala.

Ni rosa ni celeste

A pesar de una apertura mayor al disfrute de estos días, no siempre es color de rosas. Ni el proceso, ni las distintas situaciones que se avecinan. “Para los varones la idea de transformarse en papás no está muy clara. Es algo que los conmueve, que los atrae pero no hay una conciencia plena de este nuevo rol: Ya no van a ser una pareja, va a haber un tercero que va a romper esa estructura”, retoma Vilaseca y recomienda un trabajo previo para tener algunas cosas en cuenta. “El hecho de no estar conscientes de todas estas transformaciones está relacionado con la gran cantidad de separaciones que se viven, porque el nivel de sorpresa presenta toda la situación y el cambio tan grande que se da hace que no se reconozcan el uno al otro”. El especialista recuerda reuniones donde lo que más aparecía por ambos integrantes de la pareja era que el otro “ya no era el mismo”.

En ese sentido Benjamín recuerda algunos momentos difíciles y señala: “Uno realmente ahí conoce a la otra persona en crudo. Se sensibiliza tanto que se queda sin barreras y la conocés de verdad”, destaca. “Mi mujer pasó el primer tiempo por un proceso en que se sentía muy molesta y ya que me acercara la atosigaba. Y yo que trataba de estar encima porque estaba embarazada y al final resulta que la invadía. L molestaba hasta el olor a pasta de dientes”, dice entre risas.

En esa línea, Lorena Vaamonde, acompañante y preparadora corporal en los distintos procesos – embarazo, puerperio y crianza – señala la importancia de escuchar la necesidad de la mujer ya que “más allá de que es un proceso de ambos, la que pone el cuerpo es ella”, reflexiona. “Celebro que los varones se animen y se quieran implicar y acompañen a las mujeres y sostengan y defiendan a sus niños, porque ella está en una situación de gran vulnerabilidad, pero sigo insistiendo en que lo más importante es escuchar sus necesidades”.

Eso llamado preparto

Con una larga trayectoria en el área, Vaamonde propone en sus cursos de preparto un encuentro diferente al tradicional: “Es una clase donde ponemos en juego mucho el cuerpo pero apelando también a que salgan a la superficie las emociones”. En este marco siempre hay una clase en la que se convoca a la pareja para implicarlo en el proceso. “A la charla sobre el parto siempre vienen, pero a ésta la verdad es que costaba mucho convencerlos. Sin embargo, hace más de un año que son ellos los que dicen: cuándo nos toca a nosotros poner el cuerpo, yo quiero ver qué pasa, a mí también me pasan cosas. Finalmente cuando participan se van muy contentos, logran conectarse con el trabajo que se les está proponiendo por más que al principio vengan con prejuicios”. En este sentido recuerda el caso de un hombre que asistió a la clase de traje, cuando se había pedido ropa cómoda: “Creo que tiene que ver con una resistencia que está un poco impuesta desde afuera, como que el hombre no tiene espacio para poder relajarse en ese aspecto. Sin embargo, terminó la clase llorando. Cuando su mujer tuvo el parto recibí un mail de agradecimiento que decía que gracias a eso, cuando vio a su hijo, pudo permitirse llorar”.

Maximiliano Alvarez, obstetra del Hospital Italiano, coincide un poco en esto de que “la que está embarazada es la mujer” y explica “que los cambios hormonales, emocionales, físicos, los vive ella y para el varón es muy difícil poder interpretarlos”. Asimismo reconoce que a lo largo de las consultas lo cierto es que el obstetra “siempre está más atento a la mujer, que tiene inquietudes que el papá no siente, como el dolor o las molestias. “Terminan con una función muy pasiva, que quizá tiene que ver con la poca participación que uno les da, el tiempo no es muy extenso en el consultorio. Para mí la función principal del papá primero es estar tranquiolo, porque sino no ayuda mucho a la madre y después, tranquilizarla y contenerla. Durante el trabajo de parto uno trata de que le sostenga la cabeza, que la aliente cuando está pujando, le sostenga la mano, pero más que nada desde ese lado.

Participan muchos más activamente cuando el bebé nace y acompañan a la parte de neonatología. Eso también le da una tranquilidad muy grande a la madre”.

Animarse a participar

Lo cierto es que a lo largo de los nueve meses se suman una importante cantidad de emociones y de sensaciones que van apareciendo y que antes no estaban. Como explica Vilaseca, se modifica la percepción del mundo y se hace foco en otras cuestiones que tienen que ver con la llegada de un hijo y el rol de este futuro padre. “Aparecen ideas y emociones que eran desconocidas hasta ese momento que pasan a poder ser compartidas o no de acuerdo a cada pareja. Cuanto más uno toma contacto con todo esto, en mejores condiciones está de poder entender todas las sensaciones y emociones que surgen en la mujer”.

En este sentido, Gustavo Lema (31) a pocos días de que nazca su primer hijo reonoce que hace hace pocos meses no podía ver mucho más allá que el momento del parto: “Ahora que ya se acerca la fecha surgen miedos más duraderos que tienen que ver con cómo uno se para hoy para ser padre”. En la gama de dudas en este proceso donde “todo es incertidumbre” la crianza es uno de los ejes por los que transita: “Pienso: qué bueno pensar cosas lindas para que le pasen a tu hijo, pero que bueno estaría que eso no se transforme en una carga”, reflexiona. “También en cómo hacer para pararse en un lugar donde los límites puedan transformarse en afecto. En cómo liberarse de las cargas que uno tiene en este momento de espera, desde la elección del nombre a todo lo que uno se imagina”. Gustavo es periodista de profesión, y también recuerda el acompañamiento y el apoyo “de gente que tal vez ni conozco, pero se entero al aire de que voy a ser papá y empezó a participar dando consejos, apoyando, es increíble cómo la gente se involucra desde lo afectivo.

De pronto somos tres

La llegada de un tercero no siempre es fácil. “Muchos hombres frente al proceso de embarazo dejan de ser centro de atención y hay que ver cómo poder incluirse en esta escena sin que la situación de exclusión se haga mayor”, analiza Guillermo Vilaseca.

“Se tienen que cuidad mutuamente y ser también parejas en este plano. Esto ayuda a fortalecer la relación, a crear una red de contención donde la llegada de este hijo se dé en un marco propicio de integración familiar. De lo contrario se terminan generando dos duplas”.

Gustavo Lema, futuro papá, reconocer por su parte algunos cambios pero señala que en todo caso “sería muy raro que no cambie nada”. “Cambiaron cosas de la dinámica, el foco está en la panza, hay un salirse del ego porque la preocupación y el interés están ahí. Ya en la categoría padre o madre hay algo que te cambia en la cabeza y en la forma de llevar adelante la vida, pase lo que pase uno ya es diferente”, dice. Respecto a la actual relación de los padres con el embarazo también reconoce una participación mayor, “un involucrarse y un meterse en la situación y hacerse cargo también desde el lugar afectivo”. El hombre se corre de ver pasar lo que está sucediendo para asumir un rol más activo. “Creo que en estos tiempos los varones nos permitimos vivir también la vida de los sentimientos y dejamos aflorar lo que nos pasa. Me da la sensación de que hay mucha alegría al ver que uno puede expresar sus sentimientos y está bueno animarse a atravesar la situación del embarazo en conjunto.”

Por Violeta Moraga

Ilustración Sonia Esplugas

Publicado en Revista Rumbos el 17-06-12

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Lic. Guillermo Vilaseca

Lic. Guillermo Vilaseca

Guillermo Vilaseca es Licenciado en Psicología de la Universidad de Buenos Aires, Terapeuta EMDR, Psicodramatista y Psicólogo Social.
Escribió el Libro: Por qué los hombres no entendemos a las mujeres, publicado en 2013 por Ediciones B en Argentina y en 2014 también en México.

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