En el Lugar del otro

En la escuela Gabriela Mistral, de Santa Rosa de Calamuchita, se tomaron en serio lo de ponerse en los zapatos de otro: desde la metodología de aprendizaje y enseñanza, hasta la manera de entender el género y el poder entre docentes y alumnos. A través de la pedagogía psicodramática encontraron una nueva forma de relacionarse con la educación.

Rodeada de verde, en la Ciudad cabecera del Departamento Calamuchita, la Escuela Gabriela Mistral tiene un clima especial. aulas grandes y grupos pequeños de alumnos favorecen un contacto más íntimo con los estudiantes: sin dudas, una importante ventaja para trabajar con el psicodrama como metodología de enseñanza. Basada en la espontaneidad, la libertad de expresión y de movimiento para expresar sentimientos y el desempeño de roles, la técnica ha logrado cambios significativos en el aprendizaje de los alumnos. “Nuestro principal objetivo es mejorar la comunicación, ya que en nuestra comunidad existen falencias importantes, tanto en el aspecto oral como en el escrito. tan es así que nuestro PEI –proyecto educativo institucional– está enfocado casi totalmente a ello”, cuenta graciela Badía, maestra de Ciencias Naturales y sociales de la primaria.

Al pie de la montaña, un grupo de docentes en permanente capacitación –a cargo de la reconocida pedagoga y psicodramatista María alicia romaña– invita a los niños a participar de actividades, que nunca son obligatorias. Con una consigna como tarea, se los anima y entusiasma a realizar una representación. En Ciencias sociales, por ejemplo, para la conmemoración de la revolución de Mayo, recrearon los diferentes momentos que  permitieron la gesta de 1810: las invasiones inglesas, la de Napoleón a España, las tertulias, el Cabildo abierto y la creación de la primera junta de gobierno. “los niños recibieron sólo la consigna: los diálogos fueron expresiones creadas por ellos. Cada grupo tuvo un tiempo para organizar las ideas y hacer un ensayo; por último se ensamblaron en función del orden cronológico correspondiente, con el soporte de ‘las noticias (bando) en la plaza’”, recuerda Badía, al tiempo que completa: “todos los alumnos participaron, ya que los que no querían hablar hicieron de vendedores en la plaza, observadores en el Cabildo, etc.”

No sólo los chicos son los que incorporan las nuevas formas de trabajo que les propone esta nueva técnica de aprendizaje y de expresión, que es la pedagogía psicodramática; también los docentes trabajan duramente rompiendo sus propios esquemas de enseñanza que, a diferencia de los niños, son producto de muchos años de práctica. al respecto, la directora Gabriela Virela cuenta cómo este proceso tiene también sus complicaciones: “permitir que los chicos no participaran me costó mucho: creo que a todas las docentes, en alguna medida, nos pasó lo mismo. Estábamos normalmente esquematizadas con la idea de que en las clases todo el mundo tiene que intervenir, entonces fue difícil aceptar que algún estudiante no deseara participar”.

En el mismo sentido, Graciela Badía completa la idea: “Costaba entender también que tan sólo observando, el niño ya estaba participando. podía ser que finalizara el año y el chico no hubiera dicho ni una sola palabra. pero sí, empezó a ver las cosas de otra forma y participó desde la observación”. Por supuesto, vale aclarar que el psicodrama no es una metodología para ser utilizada permanentemente pero, como explican reiteradamente los docentes que trabajan utilizando la técnica con regularidad, la experiencia provoca que incluso en el trabajo con otras metodologías más tradicionales, las cosas salgan de una forma más espontánea.

Pensar rápido y en equipo
La espontaneidad, según las referencias teóricas en las que se sustenta el psicodrama, es, en realidad, una energía que se suele desaprovechar. “Cuando no somos espontáneas, las personas perdemos un potencial enorme de energía que podría llevarnos a acciones positivas y grandiosas.

Los niños van recuperando esa habilidad: la espontaneidad de hacer lo que sienten, lo que quieren hacer”, explica María Alicia Romaña, pedagoga y psicodramatista autora de libros sobre la temática y encargada de la capacitación de los docentes.

Además de pragmáticos, los ejercicios obligan a tomar decisiones inmediatas. Como las actividades requieren que los chicos, además de representar las consignas con espontaneidad, se organicen rápidamente para poder trabajar, una de las consecuencias más positivas subrayadas por los docentes es que se logró la rápida unión en los grupos. “un tipo de ejercicio que hacemos –cuenta Roxana Borsero, maestra de Matemática– es dejar frases inconclusas y que ellos terminen con la historia. Por ejemplo, el otro día la consigna fue: ‘son las diez de la noche y Martina no volvió a casa’. Eso hizo que en cada uno de los grupos se disparara un sentido distinto: luego son los chicos los que deciden entre ellos qué final le dan”.

“Entre el conocimiento y la forma, la forma es la que queda. El conocimiento se olvida si uno no lo necesita, se lo busca después donde uno sabe que lo va a encontrar. Pero, si yo aprendo de una forma represiva, tengo eso adentro, incorporo ese método. Si yo aprendo utilizando mi potencial, mi capacidad intelectual, mi sensibilidad, mis sentimientos, voy haciendo de ese desarrollo una cosa más armoniosa”.

También son interesantes las reflexiones que se generan acerca de quiénes son los protagonistas en las acciones que se dramatizan, porque muchas veces –cuentan las maestras– es un lugar común la aparición de periodistas narrando aquello que la escena demanda. En esos casos, la pregunta es recurrente: ¿quién realiza la acción: el que estuvo en un problema o el que le está preguntando y construyendo la historia? Es habitual que una actividad en particular, como la representación de una situación aislada, acabe desparramando líneas de pensamiento hacia un montón de otras áreas como el periodismo, la ética de las acciones, etc.

“Como estamos en el lugar ‘de’, no nos da vergüenza decir las cosas que queremos”, explica Martín, alumno de sexto grado de la escuela, dando pistas no sólo de cómo la pedagogía psicodramática cumple el objetivo de ayudar a mejorar la expresión y la comunicación de los chicos, sino también de cuáles son las condiciones para que esto se logre. En este sentido, es fundamental que exista y se respete el espacio de libertad necesario para que sean los niños quienes guionen y, de alguna manera, dirijan la propia actividad.

“Cuando a los chicos les damos demasiada información los condicionamos. por ejemplo, con la poesía, o con los cuentos, los alumnos se pegan mucho a la letra que leen. las consignas tienen que dar lugar a la creatividad”, explica ivana Farías, maestra de lengua.

Forma y contenido
Muchas veces aparece la pregunta por la esencia y las formas, por el contenido y los formatos. “Es una cuestión de modos”, suele decirse, minimizando la manera en que las cosas se ejecutan. dentro de la teoría psicodramática, las maneras cobran una dimensión inseparable del contenido. lo explica la pedagoga María Alicia Romaña: “Entre el conocimiento y la forma, la forma es la que queda. El conocimiento se olvida si uno no lo necesita, se lo busca después donde uno sabe que lo va a encontrar. pero, si yo aprendo de una forma represiva, tengo eso adentro, incorporo ese método. si yo aprendo utilizando mi potencial, mi capacidad intelectual, mi sensibilidad, mis sentimientos, voy haciendo de ese desarrollo una cosa más armoniosa”.

Así, cuestiones como el género, el poder y la amistad se trabajan constantemente a través del pensamiento simbólico y el pensamiento abstracto que se desprende de las actividades que hacen sin que necesariamente sean nombradas como parte de la consigna. “Sirve para ver la forma de hablar que tenemos con los otros; somos otras personas por un momento”, cuenta Romina, alumna de quinto grado del colegio.

Sin embargo, y a pesar de toda la alegría que provocan los resultados alcanzados, los docentes coinciden en que es una técnica aún experimental dentro de la escuela y que esperan conseguir todavía resultados mucho más importantes que sirvan de ejemplo para sembrar la técnica en otras instituciones de la región.

Nadie les quita lo alcanzado.

Artículo enviado por María Alicia Romaña, una de las entrevistadas para la Revista Saberes que publicó este artículo en el N° 8 de sus ediciones.

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Lic. Guillermo Vilaseca

Lic. Guillermo Vilaseca

Guillermo Vilaseca es Licenciado en Psicología de la Universidad de Buenos Aires, Terapeuta EMDR, Psicodramatista y Psicólogo Social. Escribió el Libro: Por qué los hombres no entendemos a las mujeres, publicado en 2013 por Ediciones B en Argentina y en 2014 también en México.

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