Durante la crisis hubo más infartos

Investigación de la Fundación Favaloro y el Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento

Por primera vez demuestran que durante la crisis hubo más infartos

Para eso compararon la asistencia cardiológica en los períodos abril de 1999 a diciembre de 2002 y enero de 2003 a setiembre de 2004. En el  primero hubo 5 veces más infartos y el doble de muertes.

Se lo sospechaba, pero ahora quedó demostrado: la crisis que terminó con la convertibilidad y dejó bajo el nivel de pobreza al 56% de los argentinos también causó más infartos y más muertes por enfermedades coronarias.

El trabajo será presentado hoy en el XXXII Congreso Argentino de Cardiología, que se realiza en el hotel Sheraton. Fue elaborado por cardiólogos de la Fundación Favaloro y del Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento. El análisis estadístico estuvo a cargo de Frederick Anderson, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts.

“Vamos a presentar la primera información sólida sobre un verdadero genocidio, que es el mal manejo de la cosa pública”, anunció ayer a Clarín el doctor Enrique Gurfinkel, jefe de la unidad coronaria de la Fundación Favaloro, quien condujo este estudio. Es el primer informe en el mundo acerca de una vinculación estrecha entre síndromes coronarios agudos y crisis sociales, pues los anteriores se relacionan con desastres naturales, guerras o ataques terroristas.

La crisis se inició en 1999, al mismo tiempo que se ponía en marcha el GRACE (Global Registry Acute Coronary Event), el registro más grande del mundo sobre eventos coronarios agudos, en el que participan 14 países. Entre ellos está la Argentina, a través de las estadísticas de hospitales de diferentes características.

El GRACE brindó una oportunidad singular de investigar si la crisis había alterado el curso de la evolución y el tratamiento de los síndromes coronarios agudos. “Separamos la información en dos etapas, tomando como referencia el Producto Bruto Interno (PBI) según el INDEC, porque es la
única cifra oficial segura, ya que los índices de mortalidad por infarto difieren muchísimo”, explicó Gurfinkel.

En total se estudiaron 3.220 pacientes internados, que habían llegado al hospital por un preinfarto, en menor medida por infarto de miocardio, y en
menor proporción aún por muerte súbita. El período de crisis (de abril de 1999 a diciembre de 2002) abarcó desde que comenzó a caer el PBI hasta los dos primeros trimestres consecutivos de estabilidad. Fueron los meses del corralito y del corralón, de los cinco presidentes en once días. Al terminar 2002, el peso se había devaluado en un 70%, y los ahorros en dólares valían un 60% menos.

En ese lapso, los pacientes del registro GRACE fueron 2.246 (69,8%). El período post crisis (de enero 2003 a setiembre 2004) se completó con cuatro
trimestres consecutivos de aumento del PBI; durante esos meses hubo 974 pacientes (30,2%).

Los de ambas etapas conformaban un grupo homogéneo, de similares porcentajes en cuanto a sexo, edades, factores de riesgo, estado nutricional.

Las diferencias, notables, se dieron en su evolución. “En la etapa de crisis hubo 5 veces más infartos que en la de no crisis, y dos veces más muertes,
siempre durante la internación”, subrayó Gurfinkel.

El lapso entre el síntoma de dolor en el pecho y la consulta médica también se hizo cinco veces más largo. “Como fue una crisis de la clase media,
creemos que el ciudadano estaba tan apesadumbrado, que no consultaba”, interpretó el cardiólogo.

En el período post crisis hubo más consultas en el sector público que en el privado. “Percibimos cambios en los tratamientos -indicó Gurfinkel-. La
cirugía coronaria, que estaba en retroceso ante la angioplastia, creció más.

Hubo cambios en la medicación, porque no se conseguían muchos elementos importados. Las drogas de alto costo prácticamente se suspendieron y hubo que usar fármacos más económicos”.

El experto proyecta este análisis al resto del país: “Se estima que en la  Argentina hay 50.000 infartos por año. Es muy probable que durante la etapa
de crisis hayan ocurrido 10.000 más. Fue como un atentado. Esto se presumía, pero nunca se había documentado semejante genocidio”. Gurfinkel hace una segunda lectura, también dramática: “Existe un 95% de probabilidad de que esto haya sucedido cada vez que el país entró en crisis, y de que ocurra de nuevo cuando vuelva a entrar en crisis”.

Un registro a nivel mundial

La Argentina es uno de los 14 países de América, Europa y Oceanía que participan en el Global Registry Acute Coronary Events (GRACE), iniciado en
1999. Recoge información sobre pacientes internados por eventos coronarios agudos en unos 140 centros de salud.

El número de hospitales por país es limitado, porque se cuida que respondan a diferente perfil. Algunos son académicos, otros atienden a  comunidades cerradas. Los hay con equipamiento de última generación, tanto como de baja complejidad. Los hay públicos, privados y de obras sociales. Por la Argentina participan los hospitales de Clínicas, Durand, Francés y Leónidas Lucero de Bahía Blanca; la Fundación Favaloro, el Sanatorio Mitre, el Centro Gallego y la Clínica Indarte.

“Los ensayos clínicos suelen hacerse en centros de alta complejidad, bajo ciertas condiciones -explicó a Clarín el cardiólogo Enrique Gurfinkel-. El
GRACE brinda información epidemiológica que permite ver lo que pasa en la vida real”.

“Preguntale a mi corazón”

El 2001 empezó mal para Mario Rodríguez. Iba a terminar peor aunque eso ni lo sospechaba. Venía tambaleando desde el año anterior cuando empezó a cobrar su sueldo -como supervisor de una empresa de ascensores- en cómodas cuotas.

Por suerte sus “nenas” eran grandes e independientes. Veinteañeras que dejaron la casa familiar pensando que papá y mamá envejecerían sin problemas económicos. Cómo se equivocaron las chicas.

Mario perdió el trabajo y con 53 años tuvo que salir, currículum en mano, a golpear puertas. “Todos me decían lo mismo: precisamos gente más joven”, recuerda. El colmo fue la separación de su mujer. Pero faltaba más: en medio de sus desdichas, al país le empezó a ir peor que a él. Estalló la crisis económica que acorraló ahorros y destrozó sueños.

“Fue un bajón, gente desempleada, preocupada ante la posibilidad de perder el trabajo o acorralada”, enumera. Su corazón no lo resistió. El, que
siempre se había cuidado con las comidas, que no había fumado tanto y que no le hacía asco a los deportes, tuvo una angina de pecho.

El tratamiento (riguroso) para restablecerse duró un año. “Ahora trabajo en TCBA Salguero, en mantenimiento. No gano lo mismo pero estoy más
estabilizado. Es duro cambiar de vida y empezar de nuevo. Se puede, pero es duro. Si no, preguntale a mi corazón”, dice.

Sibila Camps

Publicado en C l a r i n

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Lic. Guillermo Vilaseca

Lic. Guillermo Vilaseca

Guillermo Vilaseca es Licenciado en Psicología de la Universidad de Buenos Aires, Terapeuta EMDR, Psicodramatista y Psicólogo Social. Escribió el Libro: Por qué los hombres no entendemos a las mujeres, publicado en 2013 por Ediciones B en Argentina y en 2014 también en México.

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