Reflexiones

"…Cambia todo cambia, y lo que no ha de cambiar hoy, ha de cambiar mañana…"

IMG-20150629-WA0000Era la época en que me estaba recibiendo de Profesor de Matemática, Física y Cosmografía. En los días de licencia por examen de mi trabajo de maestro de 7° grado, con Guillermo Marti, alternábamos la epistemología con Los Beatles. El piano era nuestro único teclado conocido. Terminaba las cuentas a lápiz del último examen de física cuando llega a mis manos una calculadora. Nos recibimos y me ofrecen dictar un curso intensivo de matemática moderna para directores y supervisores de la Provincia de Chubut durante el mes de enero. Leyendo algunos materiales para prepararlo doy con el manual de la UNESCO: «Nuevas tendencias en la enseñanza de la matemática». 
Reparo en el texto: «La mayoría de los maestros son conscientes de la necesidad de cambiar su método de enseñanza. Muchos están asustados por la amplitud de los cambios necesarios. Otros no conciben otra manera de enseñar que la tradicional y su interpretación de las innovaciones desemboca en una caricatura de la reforma. La experiencia muestra que un maestro no puede modificar realmente su enseñanza si no ha tenido ocasión de experimentar por sí mismo los nuevos métodos , y observar las reacciones de los alumnos ante los mismos» (Pag. 18, Vol IV, Cap. I). En esos días se jubila Celina, la madrina de mi hermana Alicia, maestra de primer grado de mi mamá en la escuela donde fue directora mi Abuela Doña Argentina. Como es frecuente viene por casa, pero esta vez trae un regalo especial. Nos sentamos en el living, me trae tres cuadernos prolijamente forrados, en papel madera y me dice: «Mirá Guillermito, con estos he enseñado durante estos años. Vos estás empezando ahora, te los doy con todo mi cariño por si te toca primer grado». Hoy la caída del muro de Berlín ya pertenece al pasado, estoy escribiendo directamente en mi computadora, todavía no navego en internet porque no he logrado vencer el mareo, aunque ya me es cotidiano el fax, la banca electrónica y otros diálogos cibernéticos. La codiciada regla de cálculo que papá me trajo de su viaje por Europa es una reliquia decorativa. Me evoca el ábaco con que el Oriental, no Español, del restaurante cerca de casa hace las cuentas.  Ya estoy fascinado con las máquinas fotográficas digitales tan distantes del «cajoncito». Sigo con sed de pasión, justicia y esperanza.

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