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El mandato del varón proveedor

varones21Desde el lanzamiento de mi libro, “Por que los hombres no entendemos a las mujeres”, tuve la posibilidad  de expresar a través de notas en distintos medios de comunicación, mi experiencia a través de los años como coordinador de grupos entre varones.
La importancia de poder expresar lo que nos pasa a “los del género masculino”, cuáles son nuestras inquietudes y  problemáticas me lleva a empezar el 2015 convocando nuevamente a todos aquellos que estén interesados en hacer esta experiencia de compartir y enriquecimiento personal.
El mandato del varón proveedor, es uno de los temas que se trabajan en los grupos que coordino semanalmente y que focalizó la nota  que adjunto.
En ella hablamos de algunas  situaciones que suceden en la vida cotidiana de las parejas y cómo los hombres nos vemos involucrados.
Está abierta la inscripción a los grupos de reflexión » entre varones» charla informativa el viernes 27 de marzo a las 20 hs. o sábado 28 de marzo 14 hs.

Se requiere inscripción previa. Te: 4804 5811  E-mail: vilaseca@retina.ar

Hombres que no entienden

Cuando dar es restar.
Los perjuicios que trae a la pareja el “varón proveedor”. Guillermo Vilaseca, autor de “Por qué los hombres no entendemos a las mujeres” analiza el fenómeno.

Desde el título, en su último libro – Por qué los hombres no entendemos a las mujeres – el licenciado y psicólogo Guillermo Vilaseca, coordinador de grupos de reflexión “entre varones” identifica un catálogo de malos entendidos letales para las relaciones de pareja. En diálogo con Mujer, generalizando y “sin anestesia”, describió: “Los hombres solemos no entenderlas porque somos discapacitados emocionales, incapaces de hablar, y ellas son de una exquisita sensibilidad que por lo general nos desborda al ritmo de sus hormonas.

Entonces, si lloran nos asustamos, si gritan nos aterramos y caemos en una impotencia que puede derivar en la parálisis o en la impulsividad. Nos quedamos mudos o reaccionamos violentamente. Son conductas reactivas que no sirven para que ellas se sientan contenidas, escuchadas, tenidas en cuenta. Y así las hadas se nos transforman en brujas, los príncipe en sapos y todo evoluciona hacia la hecatombe”.

Estas vivencias, con la singularidad de cada caso, están en la vida cotidiana, en telenovelas y aparecen en las consultas que llegan a los consultorios. “Muchas de las maneras en las que nos posicionamos pueden condenarnos al sufrimiento y a la victimización. Esa ubicación pasiva en esquemas que no son más que mandatos, teóricamente perimidos pero que en la práctica sobreviven como ‘la media naranja’, ‘los hombres no lloran’, ‘billetera mata galán’, etcétera, amputa nuestra potencialidad, nos destruye. Y de lo que se trata es de recuperar el protagonismo liberándonos realmente de los parámetros culturales del modelo patriarcal que condenaban a varones y mujeres a una relación de sometimiento mutuo. Hoy, al menos en Occidente, se promueve el despliegue de una creatividad plena en lo que se refiere a la construcción de vínculos igualitarios entre varones y mujeres. Enteder que la felicidad está dentro de uno, no al lado de alguien”, puntualiza Vilaseca.

Saber a qué se le dice “basta” 
“Es cierto que la falta de un modelo hegemónico produce una incertidumbre difícil de digerir y entonces el miedo a la libertad aflora. Por eso mismo hay que encontrar maneras de encauzar los vínculos sobre el soporte del diálogo, la confianza, el amor, dicho esto como enunciado para la práctica y no como un mero discurso”, enfatiza.

Con años de experiencia en terapias individuales y de pareja, Vilaseca identifica los diferentes “equívocos” que resultan de la construcción cultural. Aquí dos casos reales en el item caracterizado como el del “varón proveedor”.

“Un ejecutivo apareció en la primera entrevista con un altísimo nivel de angustia, confundido, enojado, frustrado. Se sentía humillado porque consideraba ser un marido y padre ejemplar, amoroso, que se había sacrificado extremadamente por su familia, pero de pronto se encontró con las valijas hechas y la cerradura de la puerta cambiada. ¡El, que lo había dado todo por ellos! Claro, se había asumido en el rol de ‘el proveedor económico’ y a su mujer la había encasillado en ‘el papel de madre’. Ella tenía que ocuparse de la casa y de recibirlo a la vuelta de sus luchas, sus conquistas y fracasos en el mundo. Es el típico caso de esa pareja que termina cuando alguno de los dos o los dos dicen basta. Lo lamentable es que se dicen basta entre ellos porque no pueden decirle basta a una forma de vincularse y no necesariamente al otro, a quién pueden y tal vez quieren seguir eligiendo.”

Dar lo que nadie pide
La variedad de matices que presenta el síndrome del varón proveedor es sorprendente. Aquí, otro ejemplo clarificador: “José es un profesional de 49 años que ha montado un empresa exitosa. Lleva quince años de casado con Alejandra con quien tiene, como lo planificaron, tres hijos, una “escalerita” como les gusta llamarla: Juan (14), Pedro (12) y Aylén (10). La naturaleza fue benévola con ellos permitiéndoles cumplir con su deseo aunque tal vez los engañó haciéndoles suponer que querer es poder y que con eso alcanza para abordar la vida. Por comentarios surgidos en las entrevistas era claro que no podían ponerse en la piel de las parejas amigas que no tuvieron su misma suerte. Su esposa, cinco años más joven, también es profesional aunque recién ahora comienza el desafío de desarrollar esa área de su vida a nivel productivo. Si bien siempre le dedicó tiempo a perfeccionarse, fue predominantemente desde un rol de alumna. Hizo cursos presenciales o por internet en la época de los embarazos, algunos seminarios y asistió a congresos y jornadas en relación a sus temas de interés. José la estimulaba y le facilitaba las cosas en todo lo que estaba a su alcance. El es un especialista en atender las necesidades de su grupo familiar nuclear, también las de la familia extendida, los amigos y hasta quienes trabajan con él. Reivindica la solidaridad como valor supremo y se asombra si alguien se enoja con él porque considera que se interfiere en sus proyectos. José argumenta que su intención es colaborar de todas las formas posibles. Sin embargo, no comprende que su necesidad de dar antes de que le pidan, y sin ofrecer, es disruptiva para los otros. Lo entiende como ingratitud por parte de quienes lo rodean, incluidos sus hijos y también su esposa a medida que ella intenta consolidar su autonomía.” Vilaseca consigna que cuando le hace notar al paciente que la falla consiste en no saber relacionarse de otra manera, este se manifiesta abrumado y reconoce que el desafío para cambiar le va a resultar muy difícil. Dice, textualmente, que “no sabe si va a poder.” “En general, cada uno tiende a darle al otro lo que el mismo necesitaría y no lo que al otro le viene bien, con lo que se exacerba el conflicto. Es por eso que estos hombres consustanciados con ese rol de proveedores se desconciertan ante el rechazo de quienes ellos más han atendido, cuidado y protegido”.

Como decía la vieja publicidad: “Has recorrido un largo camino, muchacha”. Solo falta que ahora, ellos la alcancen y aprendan a caminar junto a ella. O como cantaba Pappo, “nada como ir juntos a la par…”

Nota publicada en C L A R I N realizada por Tabasco Ribas

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