Ovodonacion: Nuevos temas a pensar a partir de los avances tecnológicos

El desafío de ser mamá por la ciencia. Cómo es la crianza de los hijos que nacieron mediante tratamientos de fertilización; especialistas aconsejan revelar a los niños su origen
A los 55 años, Rita Samdes festeja su primer Día de la Madre con su hijo Benjamín.
La ciencia les dio la posibilidad que la naturaleza les negó.
Llevan su título de madres con el orgullo de saber que no les fue fácil obtenerlo. En el camino, transitan los desafíos que se plantea a cualquier mamá moderna: compatibilizar la crianza de con su carrera y su pareja. A ellos se les suma uno nuevo: cómo explicarles a sus hijos la manera en que llegaron al mundo, tema que no suele ser fácil cuando se cuelan términos como “ovodonación”, “banco de esperma” o “fertilización asistida”.
En el nivel nacional, se producen 1850 nacimientos in vitro por año, según estadísticas oficiales. A nivel mundial, unos 4 millones de chicos nacieron mediante esta técnica en los últimos veintidós años. Detrás de las estadísticas, expertos en fertilidad y psicólogos especializados en temas reproductivos comienzan a plantear la necesidad de que los padres de esos niños cuenten la manera en que fueron traídos al mundo.
Stella Lancuba, directora médica del Centro de Investigaciones en Medicina Reproductiva (Cimer), comentó a LA NACION que, según estadísticas propias, el ciento por ciento de las parejas del instituto les dicen a sus hijos que fueron producto de un tratamiento cuando el ADN es aportado enteramente por la pareja. Pero cuando se trata de la donación de óvulos o espermatozoides, ese porcentaje es menor.
“El tabú aparece con la donación de gametas. La estadística en el Cimer muestra que en el caso de ovodonación, el 50% de las parejas les dice a sus hijos que hubo una mujer que donó sus óvulos. El porcentaje es menor cuando se trata de donación de esperma: el 30% lo cuenta y el 70%, no”, afirmó Lancuba, que agregó que ella es partidaria de decirles siempre la verdad. Según Lancuba, la decisión de mantener en secreto su origen se hace por protección y contrasta con la experiencia internacional, en que sí hay una cultura de transmitir esta información a los hijos. “En la Argentina todavía cuesta un poco”, reconoció la especialista del Cimer.
Lo mismo sostuvo la psicoanalista Silvia Jadur, directora del Centro Argentino de Psicología y Reproducción (Capsir), institución que acaba de sacar la colección de libros Así fue como llegaste, en la que se orienta a los padres para que les expliquen a sus hijos la fertilización asistida, la donación de óvulos y la donación de espermatozoides.
“Los desarrollos científico-tecnológicos avanzan más rápido que la capacidad que tienen las personas y la comunidad para asimilarlos. La donación de gametas es una posibilidad para muchos pacientes, pero todavía a parte de nuestra sociedad le resulta difícil aceptar”, dijo Jadur.
El director médico del Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción (Cegyr), Sergio Papier, consideró que es diferente la reacción de hombres y mujeres frente a la posibilidad de recurrir a un donante.
“Una cosa es donación de semen y otra cosa es donación de óvulos. Si bien se trata en ambos casos de donación de gametas, la mujer compensa la situación con el embarazo. Por eso es más fácil hablar y convencer a una mujer de la ovodonación que a un hombre de recurrir a un banco de semen”, comentó Papier.
En Cegyr, siempre que una pareja se somete a un tratamiento que implique donación de gametas, debe tener encuentros con el equipo de psicólogos del centro, que la preparan y les sacan las dudas. “Lo primero que surge cuando se les dice acerca de la posibilidad de recurrir a una donación es «No, porque no sería hijo mío». Ahí les hacemos entender que la maternidad o paternidad pasa por el vínculo, no por quien aporta la información genética. Y cuando lo entienden, preguntan: «¿Cómo se lo digo?». Con naturalidad”, dijo Papier.
Sanos y normales
Desde que los tratamientos de fertilidad se han ido perfeccionando y haciéndose más habituales, se ha empezado a estudiar el desarrollo psicosocial de estos niños. “Los conflictos que puede tener un chico nacido por estas modalidades de procreación no difieren de los que puede tener cualquier niño en toda familia. El origen procreativo no es sinónimo de conflictos o de perturbaciones. En cambio, sí lo son el silencio y los secretos”, comentó Jadur.
Según la doctora en psicología de Cegyr, Leticia Urdapilleta, lo primero en lo que hay que trabajar con los futuros padres es en el duelo que provoca que ese niño tal vez no va a tener la carita de mamá. “El amor no se transmite por los óvulos o los espermatozoides; es una construcción en la que hay que trabajar todos los días y no tiene que ver con la manera de nacer”, comentó la especialista.
Después, se trabaja cómo y cuándo hablar con el niño. “Cuanto antes, mejor. Es conveniente hacerlo antes de los 5 años. Hay que entender que éste es un proceso en que se le va a ir agregando información a medida que el chico crezca y pregunte. Hay posibles disparadores para hablar del tema: cuando ven a una mujer embarazada o cuando van a ver a un bebe que recién nació pueden ser momentos propicios”, dijo Urdapilleta.
Así como sucede en el caso de la adopción, los padres temen que el niño quiera conocer a su progenitor. “Una frase típica es ésta: «¿Y si quiere conocer a la madre?». Acá hay que entender que no hay dos madres, sino una sola, que es la que lo tuvo y dio a luz. La donante no puede reclamar la maternidad. Además, en el caso de la adopción, la búsqueda de los padres biológicos está motivada por un hecho supuestamente negativo, como un abandono. Acá no hay nada de eso. Al contrario: el niño es producto del amor desesperado de ser padres”, explicó el psicólogo del Cegyr Darío Fernández.
HISTORIAS: “FINALMENTE, PUDE CUMPLIR MI SUEÑO”
Lo afirmó Rita Samdes, madre a los 54 años
Rita Samdes siempre soñó con casarse y tener una familia numerosa. Pero su sueño se fue postergando hasta pasar la barrera de los 50 años, la establecida por los especialistas en fertilidad para realizar un tratamiento. Hoy es mamá de Benjamín, un hermoso bebe de ocho meses.
“Siempre quise ser mamá, pero dentro de una familia tradicional, no sola. Me casé grande, hace 12 años, y me pasé diez años cuidando a mi madre y mi padre que estaban muy enfermos. Cuando murieron, quise cumplir mi sueño y fui a todos los centros de fertilidad, pero nadie me aceptó. Hasta que fui a la Dirección de la Mujer, y ahí me contactaron con médicos del Hospital de Clínicas.”
Ahí vi al jefe de Fertilidad, el doctor Ernesto Gómez Passanante, que me escuchó y me mandó a hacer una serie de estudios. “En total, me hicieron 83 estudios, algunos repetidos. Después de que comprobaron que estaba apta para llevar adelante el embarazo, ya con 54 años, me hicieron la inseminación con semen de mi marido en el Clínicas, donde también la siguieron durante el embarazo.
Samdes está escribiendo un diario del nacimiento de Benjamín. “Yo quiero decirle la verdad, pero mi marido no quiere… Iremos viendo a medida que crezca. Yo creo que cuando él sea más grande, esto va a ser algo común. Yo me siento mamá de Benjamín. No sentí nada que me dijera lo contrario. Obviamente, quería hacerlo con óvulos míos y no donados, pero sabía que no había alternativa; nadie iba a hacerlo”, reconoció Samdes.
Verónica Sandoval, en tanto, llevaba 11 años esperando ser mamá. Lo logró a los 43, mediante un tratamiento que incluyó la ovodonación.
“Hoy tengo a mis hijas Martina y Agustina que son mi vida. Cuando llegue el momento, les voy a hablar con la verdad. Ellas son mis hijas, aunque la semillita sea de otra señora. Estuvieron adentro de mí, las siento ciento por ciento mías”, contó Sandoval, que pidió que la donante fuera parecida a ella .
“Los médicos buscaron a una persona parecida a mí. Martina salió igual al padre. Tiene su misma cara. Y de Agustina dicen que es parecida a mí. Yo quería ser madre, y mi sueño se cumplió.”
“QUERIA TENER UNA PANZA Y LO LOGRE”
Cecilia Izquierdo se sometió a 11 tratamientos
Silvina Ortiz transita la doble experiencia de ser abuela y madre casi al mismo tiempo. “Fui mamá muy joven, a los 18 años, y volví a ser mamá a los 41, después de un tratamiento para quedar embarazada. Al mismo tiempo que hice la fertilización, con mis óvulos, me enteré de que iba a ser abuela. Mi nieta es 40 días más grande que Tomás, mi hijo”, cuenta Ortiz.
El título de abuela y madre casi al mismo tiempo le provocó una crisis. “Soñaba que iba con la panza a visitar a mi nieta, y de hecho fue así. Hoy los miedos se fueron, mi hijo y mi nieta se quieren mucho y juegan juntos”, contó Ortiz, que asegura que no será un problema revelarle a Tomás que nació por un tratamiento de fertilización.
A Marina Rodríguez la maternidad le llegó a los 36 años, a través de una técnica in vitro. Hoy es
mamá de Josefina y Manuel. “Yo tengo un organismo muy complicado. Soy diabética, tengo problemas de tiroides y de presión, y eso complicaba la gestación. Sentía que el tiempo me corría y no quise esperar: consulté y empecé el tratamiento. Por suerte pude aportar mis óvulos, que no eran lo suficientemente maduros, pero creo que si no era así también lo hubiera hecho”, confió Rodríguez.
A pesar de todas las complicaciones que tuvo durante el embarazo, Fernández lo disfrutó mucho: “Tuve de todo, porque era un embarazo de riesgo, pero si alguien me asegura que no me voy a morir, me embarazaría mañana mismo”, aseguró.
Después de once tratamientos, Cecilia Izquierdo se había resignado a ser la tía preferida. “Me estimulaban con inyecciones porque no fabricaba óvulos de calidad. Fue muy desgastante y estaba cansada de poner el cuerpo. No quería saber nada de tratamientos. Hasta que hice un último intento. Y ahí quedé, incluso pude usar mis óvulos. Quería ser mamá y tener una panza, y lo logré”, dijo emocionada.
Marta Rojas se define como “una mamá tardía”. Estuvo buscando quince años hasta que Julieta llegó para alegrarle la vida. “Cuando pasé los 40 años creí que ya no iba a ser mamá. Con mi esposo intentamos todo, estábamos resignados. Después de tantas decepciones, no les creí cuando me dijeron que estaba embarazada. Julieta fue un regalo de la vida.”
Publicado por Laura Reina en L A N A C I O N
Domingo 17 de octubre de 2010

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Lic. Guillermo Vilaseca

Lic. Guillermo Vilaseca

Guillermo Vilaseca es Licenciado en Psicología de la Universidad de Buenos Aires, Terapeuta EMDR, Psicodramatista y Psicólogo Social. Escribió el Libro: Por qué los hombres no entendemos a las mujeres, publicado en 2013 por Ediciones B en Argentina y en 2014 también en México.

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