Cara o Cruz

Artículo escrito por David Vilaseca.

Este ensayo lo escribí en 2007. Intenta indagar un poco para qué sirve la ciencia y cómo el azar se mete en el medio. La idea, más que contestar preguntas es abrir interrogantes…

La ciencia se ocupa de crear modelos. Y los modelos tienen como objeto pronosticar cosas: dados ciertos datos de entrada o iniciales, poder pronosticar con algún grado de seguridad, los datos de salida o finales… el resultado.

Básicamente hay dos tipos de modelos: deterministas y no-deterministas. Los del primer grupo son aquellos que para cada entrada de datos garantizan con seguridad una única salida o resultado. Tomando como ejemplo la mecánica clásica (la que vemos en la secundaria), si se conoce la masa, las fuerzas aplicadas a un objeto y sus condiciones iniciales (velocidad, posición) es relativamente simple predecir el estado del sistema para un momento posterior. Lo destacable, en este caso no es la simpleza con que se pueda operar para llegar al resultado, sino que al tratarse de un modelo determinista, la seguridad que nos ofrece el modelo sobre el resultado es total.

Los modelos del segundo grupo son los que dada una entrada, presentan varios escenarios posibles como resultado, cada uno con cierta probabilidad.

El ejemplo más clásico de esto es arrojar una moneda al aire: los resultados posibles son cara o cruz. Se sabe que alguno de los dos VA a ser el resultado pero es imposible determinar con certeza CUÁL de los dos va a ser.

Con el concepto de probabilidad de un suceso entra en juego y adquiere un papel protagónico el azar.

Aquí llegamos al núcleo de este ensayo. ¿Qué es el azar? ¿Es acaso el grado de libertad que adquiere el resultado de un suceso cuando no se puede manejar la totalidad de la información? ¿O es aquello que ni siquiera manejando toda la información es posible predecir?

Creo que establecer la clasificación de predecible vs. impredecible es incompleta ya que se torna necesario poder diferenciar entre lo que voy a llamar contingencias temporales de lo que voy a llamar contingencias intrínsecas.

Las contingencias temporales son aquellas que su condición de contingencia radica en alguna incapacidad humana de predecir el resultado; ya sea porque es imposible recolectar o procesar todo el volumen de información que daría respuesta al interrogante o porque en el contexto histórico que se analice, no se conocen métodos para resolverlo.

Las contingencias intrínsecas son aquellas que independientemente del volumen de información que se pueda recolectar o manejar e independientemente del contexto histórico que se tome en cuenta es imposible pronosticar un resultado.

Dicho de otra forma una contingencia es temporal cuando puede ser potencialmente explicada mediante un modelo. Es decir, en un futuro puede existir un modelo capaz de manejar el volumen de información necesario para que la contingencia temporal pueda ser predecible y deje así de ser contingencia.

Teniendo en cuenta esta nueva clasificación es oportuno repreguntarse ciertas cuestiones como “Teniendo la información de velocidad y posición de cada átomo del universo, ¿es factible pretender una predicción del sistema?”. “Conociendo cada átomo del cerebro de una persona ¿es posible, por ejemplo, determinar su color favorito?” o volviendo al clásico experimento de la moneda: sabiendo con exactitud cómo es la moneda, cómo interactúa con el aire y cómo es el impulso que la hace moverse, ¿puede existir un modelo capaz de predecir con certeza si la moneda va a caer cara o cruz?

Creo importante mencionar un factor que en cierta medida hace a la cuestión: por más estrictos y rigurosos que sean los experimentos y por mucho que se perfeccione el modelo, éste seguirá siendo un modelo. Y no es trivial indagar acerca de cuánto pueden acercarse las respuestas de un modelo a la realidad; asumiendo que el progreso es constante, en el mejor de los casos, ¿existirá en algún momento un modelo “perfecto” (ya no sería modelo) cuyos pronósticos sean fidedignos a la realidad? ¿o simplemente seguiremos acercándonos a la realidad pero sin llegar nunca a ella, teniendo modelos cada vez más precisos pero con la única certeza de que nunca serán una explicación completa de la realidad?

Si tomamos como válida la primera opción y aceptamos la posible existencia de un “modelo” (no modelo) fidedigno a la realidad tendríamos que descartar el concepto de contingencia intrínseca ya que todas las contingencias podrían obtener respuestas en nuestro supuesto modelo perfecto.

Creo que este es un escenario imposible, ficticio, ya que la vida (y la condición humana desde un punto de vista más antropológico) NECESITAN la existencia de las contingencias intrínsecas.

Llevado a otras palabras esto quiere decir que por más tiempo que nos pasemos mirando y analizando las sombras (ref. mito de la caverna) solamente podremos indagar acerca de los objetos de la caverna pero nunca los conoceremos. Y es importante destacar la diferencia entre ver y conocer porque en definitiva la vista no es más que otro tipo de sombra en la caverna.

Teniendo armada esta analogía es fácil ver como nosotros creemos que un modelo refleja la realidad no cuando el modelo es parecido a ella sino cuando la sombra que hace el modelo es parecida a la sombra que hace la realidad.

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Lic. Guillermo Vilaseca

Lic. Guillermo Vilaseca

Guillermo Vilaseca es Licenciado en Psicología de la Universidad de Buenos Aires, Terapeuta EMDR, Psicodramatista y Psicólogo Social. Escribió el Libro: Por qué los hombres no entendemos a las mujeres, publicado en 2013 por Ediciones B en Argentina y en 2014 también en México.

Un comentario sobre “Cara o Cruz

  • el 9 julio 2010 a las 2:20 PM
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    Sumante interesante para sentarse a charlar con varias tazas de café.
    Con un cierre fantástico” un modelo refleja la realidad no cuando el modelo es parecido a ella sino cuando la sombra que hace el modelo es parecida a la sombra que hace la realidad.”

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