Crisis sociales y extensión del conflicto humano

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El peligro proviene de la percepción de la realidad externa, pero todo individuo la comprende también desde su subjetividad, su mundo interior. La historia personal y sus vicisitudes, sus errores, fracasos y traumas, determinan los niveles de conflicto y de angustia y los recursos con que cada sujeto enfrentará una crisis. Así como ningún individuo vive solo en el presente, tampoco lo hace el conjunto social.

La crisis genera un creciente malestar cultural, la decepción con los proyectos frustros, prometidos y no realizados. La vivencia de falsedad y de engaños, las faltas éticas, el desconcierto sobre el mañana, el desajuste económico y la falla en resolver las necesidades básicas. La insuficiente información y el desconocimiento. La sorpresa por las nuevas revelaciones de los medios de comunicación. Ello genera en todo individuo una vivencia de desconcierto y confusión y una apelación, un cuestionamiento a los conductores, aquellos a quienes se les suponía un saber hacer que conduciría a los objetivos ofrecidos.

El líder adquiere habitualmente un valor y una significación que va más allá de sus méritos políticos y sus capacidades personales; frecuentemente toma características de grandiosidad, omnipotencia e infalibilidad. Existe un fenómeno regresivo, en el que el líder capitaliza aspectos de la paternidad de la temprana infancia.

El desarrollo psíquico, el conocimiento, la inteligencia y la educación son una barrera de protección. El excepcional desarrollo del psicoanálisis habilitó la comprensión del psiquismo y la significación inconsciente de las diversas crisis que todo ser humano debe enfrentar.

El saber sobre la propia subjetividad, los conflictos, los deseos e ideales inconscientes es un excepcional desarrollo y valor de nuestra cultura.

Un aspecto significativo de las crisis sociales es la frustración y la caída del ideal ideológico y social, la vivencia de desamparo e insignificancia, de traición ética, el desconcierto y la confusión, que dan lugar en los individuos a un creciente resentimiento. El odio y la violencia, dirigidos al mundo exterior, a la realidad, suelen ser una descarga de agresión que, indiscriminada, rompe con las leyes, normas y diques sociales; y el sujeto, roto su contrato social intrapsíquico, puede llegar a destruir, robar o asesinar.

El individuo, al integrar una masa de manifestantes, puede cometer atropellos que solo no realizaría. Pero la violencia, el odio y la destructividad generadas en la crisis pueden dirigirse sobre el propio individuo. En otra aproximación, l a decepción con el líder y su proyecto -en cualquier momento de la historia- puede destruir el ideal psíquico interno.

La falta ética, la traición, la falta de verdad crean la vivencia tan bien explicitada por Santos Discépolo: “Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé … en el 506 y en el 2000 también. Que siempre habrá chorros, maquiavelos y estafaos …” En la entrada al infierno del Dante, y también en la entrada al infierno psíquico, existe una sentencia “Dejad afuera toda esperanza”.

Cuando la protección que significa la palabra del líder y sus promesas han estallado, otra alternativa es la búsqueda de un sustituto. En algunas comunidades, se incrementa el fenómeno religioso y sus formaciones delirantes, como un intento de retornar a la creencia en la justicia suprema. En otras comunidades lo anhelado es el retorno imaginario al poder y al éxito, mediante la identificación con una figura deportiva. La omnipotencia de algunas figuras deportivas de nuestro país parece revelar esa compensación: héroes deportivos que son idealizados y conforman prótesis psíquicas a la tragedia político social constante y recurrente, a nivel individual o social. Otro sendero posible será, para el sujeto de la crisis, recurrir a los “paraísos y satisfacciones” artificiales. Una satisfacción química y alucinatoria. Una psicosis transitoria. La violencia y agresión desencadenada es tomada por una instancia psíquica que responsabiliza al individuo de su fracaso e incrementa su sentimiento de culpa, conduciéndolo a enfermedades psicosomáticas, a accidentes de origen psíquico. La inabarcable dimensión del sufrimiento y el conflicto humano va a requerir una creciente profundización del análisis del psiquismo.

Andrés Rascovsky es psicoanalista (APA).

Publicado en C L A R I N 17-09-

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Lic. Guillermo Vilaseca

Lic. Guillermo Vilaseca

Guillermo Vilaseca es Licenciado en Psicología de la Universidad de Buenos Aires, Terapeuta EMDR, Psicodramatista y Psicólogo Social. Escribió el Libro: Por qué los hombres no entendemos a las mujeres, publicado en 2013 por Ediciones B en Argentina y en 2014 también en México.

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