El síndrome del Burnout: Cuidado de cuidadores

descarga (1)Enfermeros, maestros, médicos, docentes, abogados, psicólogos, psicopedagogos, trabajadores sociales y múltiples operadores en contacto prolongado con personas en estado de vulnerabilidad y riesgo se reconocen desgastados o desilusionados. Se trata del síndrome de burnout, que se manifiesta en una serie de síntomas físicos y psíquicos. Los siguientes fragmentos del libro (que editorial NovEduc distribuirá en los próximos días en librerías) abordan los contextos, características e intervenciones posibles desde para la construcción de un espacio de Cuidado de Cuidadores.

Fragmento 1.

La trama en que desarrollamos las prácticas

¿Cuáles son los componentes que se enlazan en el complejo entramado de las intervenciones profesionales? ¿Cómo incide la participación institucional en la realidad de estos profesionales? ¿Qué ideales se ponen en juego a la hora de elegir una profesión de asistencia a otros? Iremos recorriendo una aproximación para pensar estas preguntas en un diálogo con diversos autores.

La práctica constante de profesiones de asistencia o acompañamiento a otras personas que sufren, hecha a contrapelo del ideal profesional, es uno de los factores que favorecen la aparición del síndrome de burnout, por causa del desgaste psíquico que implica. Una de las primeras tareas en un espacio que pretenda preservar a este tipo de trabajadores debería intentar hacer consciente este factor, para dar apertura a una reflexión acerca de las propias prácticas e ideales y, en la medida de lo posible, acceder a un posicionamiento vital y/o ideológico al respecto desde la subjetividad de cada profesional.

Fragmento 2.

Quirón y Superniña

Sumando a las diversas coordenadas que varios autores han ido identificando acerca del tema, me gustaría exponer algunas vertientes desde la perspectiva de la psicología analítica:

Una, el síndrome de superniña o superman. También ligado con el furor curandis citado por Freud. El o la profesional piensa o mejor dicho, cree, porque esta postura se anuda a la creencia sin crítica interna, que puede “salvar” a quienes debe asistir o acompañar. Muchas veces en los encuentros de Cuidado de Cuidadores digo a los participantes que dejen colgada la capa de superhéroes en la puerta de entrada. Me interesa la analogía, porque estos personajes mantienen una doble vida, muchas veces insignificante en la vida “común” pero más allá de la heroicidad en la acción épica. Un poco como un falso self, oculto a la vista de los demás. La vida personal y de relaciones queda en segundo plano ante la “llamada” de salvataje. Los superhéroes rara vez tienen familia y su condición suele estar asociada a la sobreadaptación resultante de una herida psíquica profunda, una pérdida primordial durante la infancia. No se trata de abrevar en los traumas padecidos por los trabajadores durante su infancia sino de poder identificar aspectos de este arquetipo en términos generales. El desafío es desarticular la propia omnipotencia, asumiendo la necesidad de interactuar en equipo, en la propia institución y con otras instituciones. Como señala Eco (1965) este arquetipo debe ser la suma y compendio de determinadas aspiraciones colectivas, lo cual lo lleva a inmovilizarse en una “fijeza emblémica” que lo haga fácilmente reconocible. Por el contrario, el personaje novelesco aparece como más humano, pasible de ser modificado por las vicisitudes de la vida. Desde el punto de vista de la salud psíquica, la fantasía superheroica queda del lado de la fijeza y de la disociación no operativa.

Dos, el mito de Quirón. Hijo de Cronos y la ninfa Firiba, educado por Apolo y Atenea especialmente en las artes curativas, Quirón encarna el arquetipo del sanador herido. Según la mitología, Hércules hirió accidentalmente a Quirón con una flecha envenenada por Hidra. El veneno mortal era inerme para el centauro inmortal, quien tampoco podía sanarse a sí mismo. Así, vivió padeciendo y enseñando el arte de curar, por comprender empáticamente los efectos del sufrimiento. (Más adelante, por ayudar a Prometeo se le concede la muerte y el retorno inmortal a la constelación del Centauro). Algunas veces sucede que quien asiste a otros ha sufrido traumas o violencias similares a las de las personas a quienes asiste. De esta manera, su propia recuperación y empoderamiento son herramientas de elaboración y servicio a quienes comprende empáticamente. El riesgo, en estos casos, consiste en la estructuración de la actividad laboral en torno de la herida y su reparación en lo personal y en los demás, dejando de valorar otros aspectos y, a veces, perdiendo la perspectiva de los límites de las intervenciones, cuando no de la singularidad de cada caso diferenciándolo del propio. Traspasando la empatía hasta el borde de la identificación excesiva.

En ambos casos, Superman o Quirón, el tema del prestigio está presente, así como en cualquier actividad que implique el cuidado de quienes sufren. El reconocimiento de los pares, como aporta Dejours, se transfiere al plano del ser desde el hacer en una operación psíquica que sostiene la relación con el trabajo. El resto del círculo social, amigos, conocidos, familiares contribuye a esta percepción de prestigio a través de la expresión de admiración. Muchas veces pregunto qué ocurre en las fiestas o reuniones sociales cuando les preguntan “¿A qué te dedicás?” Las respuestas suelen coincidir en varias cuestiones: admiración por la dificultad de enfrentar situaciones dolorosas cotidianamente; prejuicios acerca de la realidad social que contextúa dicha práctica; “enganche” general con el tema y consecuente agotamiento de quien ve invadido su momento de distensión por el relato pormenorizado de su trabajo. Algunas veces me responden: “Directamente digo que me dedico a otra cosa…”

Fragmento 3.

¿Por qué cuidar a quienes cuidan?

Especialmente en actividades ligadas con otros que sufren, los planteos de tolerancia ética a situaciones injustas o lesivas hacia quien se asiste, deberían poder encontrar un espacio de reflexión, alerta y reconocimiento de trabas institucionales, en particular si implican bordes de tolerancia sobre los sujetos que trabajan. De otro modo se corre el riesgo de asumir el pensamiento de la escasez. Consiste en el supuesto de que para dar a otros es preciso restarse a sí mismo. Este tipo de razonamiento es típico del pensamiento mercantilista, donde es preciso “que no alcance para todos”. Pero pensando, por ejemplo, en derechos ciudadanos, ¿sería posible renunciar al derecho propio para que a otro se le garanticen? No son pocas las veces en las que este tipo de razonamiento opera en quienes trabajan asistiendo a otros que padecen. Y es preciso habilitar un espacio de deconstrucción de estos supuestos si pretendemos modificar o mejorar las condiciones de producción.

Uno de los argumentos que utilizan quienes promueven la prevención de burnout consiste en afirmar que el síndrome disminuye los niveles de producción, ya que los trabajadores se ven afectados y por lo tanto producen menos o se ven obligados a abandonar la tarea por causas médicas, es decir, sin poder ser despedidos. Me voy a permitir sumar algunas ideas a la veracidad de tal argumento.

El burnout es efecto del malestar institucional debido a las condiciones laborales que implica el sistema neoliberal. Una prevención estructural no debería soslayar esto, si bien el objetivo del espacio no es gremial. En algunas provincias de la Argentina existen leyes que otorgan días extra de licencia a quienes tienen ocupaciones con riesgo psíquico. Es el resultado de un reclamo gremial. Excelente. Pero en tanto los trabajadores no creen un espacio donde reflexionar deónticamente sobre su tarea, el descanso resulta un aplazamiento y no una posibilidad de resignificación y cambio de la estructura laboral a nivel ideológico y psíquico.

En mi experiencia hasta el momento, el espacio ha logrado, en varios casos, mejoras de funcionamiento en la institución sin disminución de la producción, sumado a la percepción por parte de quienes trabajan de ser artífices de las condiciones de producción en su espacio laboral más que sus víctimas. La posibilidad de generar tales cambios se produce interviniendo entre estamentos con distintos grados de poder. Suponer que solamente la base de la pirámide es afectada por el sufrimiento es ilusorio y una fantasía recurrente entre quienes son subordinados. Todos los estamentos se ven presionados por las exigencias de un sistema rígido y paradójico. Optimizar las relaciones de liderazgo y colaboración es también una tarea preventiva.

Podría pensarse también en el burnout como uno de los nuevos males de la época, de esas nomenclaturas de moda que requieren una especialización que crea la oferta del mercado. Tal vez. Pero no quisiera perder la oportunidad de preguntarme acerca de una enfermedad que abreva en la caída de los ideales en esta época que algunos autores dan en llamar posmodernidad. Y rescatar que perder los ideales es un modo de enfermar. Pero pretender sostenerlos a ultranza sin contar con otros, resulta una necedad. La omnipotencia radicaría en pretender dar todo de sí, darse todo, en pos de la supervivencia de los que más precisan.

Esta lógica de vasos comunicantes circula en la búsqueda de un lugar donde depositar el vacío, en vez de animarse al pensamiento complejo, a la construcción de alternativas compartidas. El ejercicio democrático implica abrir el juego de las propias prácticas y poder mirar las prácticas ajenas con menos prejuicio. Tarea difícil en esta lógica del mercado, porque el otro puede resultar un competidor que ofrezca un mejor producto que el propio, en lugar de un semejante con quien construir saberes compartidos. El quemarse abreva aquí en la lógica del eficientismo: los trabajadores se sienten compelidos a “resolver” con eficiencia las demandas de quienes asisten (modo del mercado). En lugar de abrir nuevas preguntas y generar responsabilidad en el otro, reconociendo así el poder que tienen sobre su propia existencia.

Fragmento 4.

Estructura del dispositivo de Cuidado de Cuidadores

Usualmente, lo primero que pide una organización es una capacitación. El estilo de capacitación más eficaz, según mi modo de trabajar, es aquella que es interactiva, y que, tomando la definición clásica de Maslach y Jackson de burnout, introduce una mirada crítica, incorporando la realidad de nuestro territorio latinoamericano.

Esta capacitación interactiva produce una escucha de las problemáticas específicas de cada colectivo con que se está interactuando, lo cual permite aportarles elementos útiles para esa situación en particular. A la vez, habilita indagar síntomas de burnout individuales o de la organización, abriendo la posibilidad de hacer algo al respecto. Los elementos básicos de información son: definición del síndrome; variables a considerar; síntomas físicos, psíquicos, cognitivos; factores de riesgo; objetivos del espacio de cuidado.

Cuando es factible, incluyo una experiencia acerca de las técnicas utilizadas en el espacio de Cuidado de los cuidadores: collage, dramatización, narrativa.

Siempre tengo presente que la capacitación en curso no transmite cualquier tipo de conocimiento sino una concientización acerca de la salud de cada uno y del conjunto. Para que algo se produzca en esos planos, no alcanza con escuchar pasivamente los contenidos teóricos de una capacitación. Al producir creativamente y con otros, se genera un primer movimiento de responsabilización, y una toma de conciencia acerca de los principales elementos en juego. En muchos de casos, la intervención se acotará a la capacitación y la muestra de técnicas, sin derivar en una intervención a lo largo del tiempo. El desafío consiste en instalar un segundo movimiento, para dar continuidad a un espacio de prevención de burnout en el contexto del ámbito de trabajo.

Fragmento 5.

Técnicas expresivas

¿Cuál es el plus que la expresión creativa le puede otorgar a la reflexión intelectual? Tiene que ver con la ligazón que permite, con los afectos que aún no se han vuelto conscientes, o que todavía no se han planteado como objeto-problema o como obstáculo. Al buscar la expresión de un modo creativo, lo que se encuentra son símbolos que permiten abrir en lugar de coagular sentidos, que no pretenden dar una respuesta sino generar un panorama posible y tangible para un abordaje. Pero un panorama que tenga elementos atractivos, no simplemente mecánicos, sino ligados en algún punto con lo estético.

Hasta aquí hemos hablado de una ética, no sólo respecto de quien trabaja, de su cuidado, sino también respecto de quien va a cuidar al otro y su lugar ético. Ahora, aquí podemos empezar a plantearnos cuestiones estéticas.

El aporte estético se genera desde la propia técnica de expresión. Así, el abordaje mismo vuelve posible generar alivio. Se trata de abordar un malestar de modo tal que la técnica propicie bienestar al experimentarla.

La elección por parte del coordinador de las técnicas que va a utilizar depende de esta aproximación, en la modalidad de Cuidado de Cuidadores que aquí propongo. La variedad de técnicas es infinita, el secreto para ponerlas en práctica frente a un grupo es encontrar con cuáles de esas técnicas uno es sintónico. En resumen, no sería posible para quien coordina aplicar técnicas que lo incomodan, pretendiendo con ellas generar confort en los demás. Antes bien, al entregar al grupo actividades cuyo lenguaje es conocido para el coordinador, se habilita la producción del colectivo en función del trabajo de alivio.

Fragmento 6.

Reflexiones finales

Durante los últimos cinco años aproximadamente, los dispositivos de abordaje de Cuidado han aumentado su aparición y técnicas de abordaje en diversas zonas de nuestro país y el mundo.

Este reconocimiento va acompañado en algunas ocasiones de la necesidad de incluir otros aspectos además de la prevención del Síndrome de Burnout en los encuentros de Cuidado.

Se abre así un abanico de temas que pueden rozar las condiciones laborales, temas gremiales, aspectos organizacionales, cuestiones de liderazgo y políticas públicas.

Esta proliferación da cuenta de la necesidad expresada por el sector salud acerca de la atención de su cuidado en diversos aspectos.

Como reflexión final quiero hacer hincapié en la responsabilidad necesaria por parte de quienes pretendan abordar espacios colectivos en el ámbito del trabajo para coordinar de modo equilibrado y reconociendo las posibilidades y necesidades según el contexto y la particularidad de los equipos con los que se opera.

Dos palabras rectoras pueden ayudarnos a la hora de las dudas y el abismo que cualquier coordinador percibe ante un grupo: creatividad y empatía.

Planteos rígidos y que anulen la mirada del otro derivarán habitualmente en violencia concreta o simbólica. En los contextos de relaciones de poder propios de las instituciones la violencia institucional forma parte de la ecuación. Aportar al estallido y el conflicto resultaría muy sencillo. Pero apostar a la construcción de miradas compartidas, a la posibilidad de expresar necesidades y proponer mejoras, a entrenar capacidades de liderazgo, replantear esquemas organizacionales, incluir nuevas tecnologías implica un ejercicio no solamente de optimismo sino de postura ideológica respecto de la construcción del estar en el mundo.

Además, pienso que es preciso considerar el momento vital individual de quienes integran los grupos. Ya quedó ampliamente expuesto en este escrito la profunda incidencia de lo institucional en el mundo interno, por lo que la permanencia en tales contextos implica poder pensar-se individualmente, además del aspecto implicado en la pertenencia colectiva.

El desafío mayor, finalmente, navega las incertidumbres, las preguntas y la habilidad de sostener procesos renunciando a la pretensión de saberes y certezas. Ancla en la construcción y deconstrucción de lo sabido y lo ignorado y se perfuma de misterio, honrándolo como aspecto de lo humano en todos los tiempos.

* El libro incluye textos de colegas de distintas provincias:

Claudia Simonini y Mariana Illanes (Hospital materno neonatal de Córdoba).

Massimiliano Bozza (línea 137, Chaco del Programa Chaco dice NO a las violencias).

Mariana Pizarro (Programa Las Víctimas contra las violencias, Misiones).

Mariana Scioti y Carina Rago (Programa Las Víctimas contra las violencias, Ciudad de Bs. As.).

Escrito por Por Vita Escardó

Publicado en P/12

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Lic. Guillermo Vilaseca

Lic. Guillermo Vilaseca

Guillermo Vilaseca es Licenciado en Psicología de la Universidad de Buenos Aires, Terapeuta EMDR, Psicodramatista y Psicólogo Social. Escribió el Libro: Por qué los hombres no entendemos a las mujeres, publicado en 2013 por Ediciones B en Argentina y en 2014 también en México.

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