La visibilización del abuso en varones

Crecen en el país los casos de abuso sexual infantil en varones

Lo asegura una investigación de especialistas de la UBA. Dicen que las denuncias ya se dan en los dos sexos casi por igual. Y que la mayoría de las víctimas son abusadas en su casa o en lo de sus parientes.

Cuidado con los extraños. Eso se le suele decir a los chicos mientras crecen. Y a papá siempre se le hace caso, al novio de mamá también, y al tío, al cuñado, al abuelo y al profesor. Afuera está el peligro, adentro la protección. Sin embargo, mientras hay un mundo que cree que el abuso sexual infantil sólo podría ocurrir con un extraño y que sólo le pasa a las nenas, las investigaciones dicen algo distinto: la enorme mayoría los comete alguien del círculo de confianza y cada vez más varones abusados deciden romper el silencio.

A principios de febrero, una de las hijas adoptivas de Woody Allen lo acusó de haber abusado de ella cuando tenía 7 años y volvió a poner el tema en discusión: en 7 de cada 10 casos los abusadores son conocidos, padrastros, hermanos, primos, abuelos y otros parientes, docentes, padres y madres. Los datos pertenecen a un trabajo dirigido por la socióloga María Inés Bringiotti, directora del Programa de Investigación en Infancia Maltratada de la facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

Que el abuso es sólo cosa de nenas es otro mito. “El abuso sexual infantojuvenil ya se da en los dos sexos casi por igual. Se ha equiparado la cantidad de varones abusados con la de niñas”, dice a Clarín Javier Indart, jefe de la unidad de Violencia familiar del Hospital Pedro de Elizalde. “Hay muchos más varones de lo que se cree –coincide Bringiotti–. A ellos les cuesta mucho más hablar: creen que van a pensar que les gustó, que tienen tendencias ‘raras’ y que nunca van a poder estar con una mujer. Por esas mismas razones, los padres suelen tapar más los abusos de los varones que las madres”.

“A la dificultad de hablar del tema –sigue Patricia Visir, psicóloga y presidenta de la Asociación Argentina de Prevención del Maltrato Infantojuvenil– se les suma la idea de que ‘si me abusó un varón yo atraigo a los varones, entonces soy gay’, y ese es un pensamiento erróneo: el abusador sexual no busca necesariamente a un varón o a una nena, sólo busca la gratificación sexual y el sometimiento”.

La investigación señala, además, algunas diferencias en los “lugares del abuso” más frecuentes en nenas y en varones: “En los varones ocurre en lugares como el natatorio, la casa abandonada, el club, el boliche, la casa de profesores, mientras que en las mujeres se observa más relación con el ambiente familiar y cercano, parientes, amigos, y la propia casa”.

Más allá de si se trata de una nena o de un varón, son pocos los casos en los que el abusador deja marcas físicas (1 de cada 5). Y eso no sólo complica la posibilidad de hacer una denuncia sino que le da de comer en la boca al silencio: “Al principio, los chicos no hablan porque se sienten confundidos: no entienden cómo alguien querido los está dañando. Después, aparecen otros motivos: la vergüenza, la culpa de sentirse responsables del quiebre familiar que podría suceder. Además, están bajo amenaza: ‘nadie te va a creer’, ‘si contás voy a hacerlo con tu hermanita’, ‘mirá el dolor que le vas a causar a tu mamá’. Y así se invierten los roles, y es el chico quien empieza a cuidar el equilibrio familiar con su silencio”, agrega Visir.

No importa si fue un manoseo sostenido en el tiempo o si hubo penetración, las secuelas psicológicas son devastadoras. “Suelen aparecer, en el momento o a lo largo de su vida, cuadros de depresión, trastornos de ansiedad y de personalidad y conductas autoagresivas. Suelen ser inhibidos social y sexualmente, tener dificultad para formar pareja y tener una autoestima muy baja. Esto último porque quien les tenía que enseñar que eran valiosos los dañó o miró para otro lado: su historia no fue lo suficientemente importante como para defenderlo”, agrega Visir.

Que muchos padres miren para otro lado por no saber qué hacer, por creer que no tienen pruebas o por no romper el supuesto equilibrio familiar, no ayuda: en el mundo, 8 de cada 10 abusos jamás salen a la luz. La Ley Piazza aumentó el tiempo que tienen las víctimas para animarse a hablar. Es que hablar, aunque sea años después, es sentir que el mundo tiembla. Pero también es saber que nunca será peor que guardarse para siempre, en el pecho, el secreto.

Escrito por GISELE SOUSA DIAS. Publicado en C L A R I N 23/02/2014

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Lic. Guillermo Vilaseca

Lic. Guillermo Vilaseca

Guillermo Vilaseca es Licenciado en Psicología de la Universidad de Buenos Aires, Terapeuta EMDR, Psicodramatista y Psicólogo Social. Escribió el Libro: Por qué los hombres no entendemos a las mujeres, publicado en 2013 por Ediciones B en Argentina y en 2014 también en México.

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