Timidez Inhibición social

Para muchos, este estado emocional es un obstáculo que les impide concretar sus objetivos y alcanzar sus sueños. Otros lo asumen como un rasgo inmodificable de su personalidad. El tímido, ¿nace o se hace?

Artículo escrito y enviado por Elizabeth Levy Sad

Definida como un estado emocional de ansiedad, incomodidad e inhibición ante situaciones sociales, la timidez anula con mucha frecuencia la posibilidad de disfrutar el placer de los vínculos. Hay personas tímidas que se sienten incómodas cuando deben hablar en público, frente a grandes grupos de gente o en su desempeño en el ámbito laboral. Otras sienten timidez a la hora de hacer amigos o en escenarios de intimidad afectiva.

La timidez suele tener su origen en un bajo nivel de autoestima. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 10% de la población adulta la padece, y más de 50% de los adolescentes la vive de manera transitoria.

Se manifiesta internamente como una sensación de inseguridad y vergüenza, y se expresa a través de un comportamiento de retraimiento e inhibición que obstaculiza el desarrollo de las habilidades interpersonales, aquellas que permiten comunicarse de manera correcta con los demás, y entablar y enriquecer lazos sociales, laborales y afectivos.

Estados interrelacionados

La ansiedad social, la fobia social y la introversión son tres conceptos interrelacionados con la timidez. Sin embargo, existen algunas diferencias entre ellos.

Ansiedad social. Se trata de una experiencia de “nervios” e incomodidad en escenarios en los que el sujeto se siente observado o juzgado por los demás. Eventualmente, todas las personas –no sólo las tímidas– pueden padecer ansiedad social en alguna ocasión específica de sus vidas, porque hay situaciones que pueden desatar un temor inconsciente a hacer el ridículo, y ser el blanco del rechazo o las burlas ajenas: hablar en público, tomar la iniciativa en un momento romántico, presentar un examen. La ansiedad social se manifiesta en dos planos concretos:

Físico. Los síntomas físicos son los más perturbadores, porque se hacen evidentes para los demás: sudor, rubor, tartamudeo o temblor en la voz. La ansiedad social también puede provocar mareos, sensación de nudo en la garganta, boca seca, respiración entrecortada y palpitaciones.

Mental. En toda situación de ansiedad social subyacen una serie de creencias y afirmaciones turbulentas y descalificatorias. Es probable que del inconsciente surjan pensamientos como “se van a reír de mí”, “voy a hacer el ridículo”, “me odian”.

Introversión. El psiquiatra suizo Carl Gustav Jung (1875-1961) definió la introversión como una actitud caracterizada por la concentración del interés en los propios procesos internos, emociones y sentimientos. Las personas tímidas suelen ser introvertidas. Sin embargo, señala Gemma Herrero Virto, psicóloga española –especializada en tratamientos de ansiedad y fobia–, no todos los introvertidos son tímidos. “Una persona introvertida puede preferir no realizar actividades grupales, pero no porque carezca de las habilidades necesarias para vincularse con los demás ni por temor, sino porque elige otro tipo de experiencias, y no siente ninguna frustración al respecto”, subraya la  specialista.

Fobia social. Es uno de los llamados Trastornos de Ansiedad Social (TAS ). Quienes lo padecen sienten un temor irracional y desmedido en situaciones sociales: temen decir algo horrible, hacer algo ridículo, caerse, quedarse paralizados ante una pregunta. “La persona tímida experimenta incomodidad en las relaciones sociales, pero eso no le impide llevar una vida normal.

Cuando el temor es tan elevado que imposibilita las actividades, cuando coarta y restringe la vida, hablamos de fobia social”, advierte Herrero Virto. “Aunque sufra, o no la pase bien, el tímido puede enfrentar lo que teme”, precisa la psicóloga. El fóbico, en cambio, no puede; en consecuencia, evita situaciones de contacto: ir a entrevistas de trabajo, asistir a fiestas o reuniones, reclamar algo que le corresponde.

A veces no puede ni hacer llamadas telefónicas y tiene serias dificultades para vincularse con una potencial pareja. Sin un adecuado tratamiento, la fobia puede durar muchos años.

Vergüenza oculta

En la sociedad contemporánea muchos hombres se sienten avasallados en su rol tradicional –en parte por el avance de las mujeres en los nuevos roles sociales–y pueden reaccionar sintiéndose intimidados, explica  Guillermo Vilaseca, psicólogo e investigador de los nuevos modelos de masculinidad. Para encubrir su timidez, precisa el investigador, “ellos pueden parecer distantes, intolerantes o antipáticos”.

En cada etapa de la vida del hombre existen temas que provocan timidez, agrega Vilaseca: en la adolescencia, hay temor al inicio de la vida sexual; luego, afloran los conflictos laborales; después aparece el temor a ser padre, y más tarde el miedo al envejecimiento, al mal desempeño sexual. “El paradigma del varón que todo lo puede se transforma en un fantasma en la vida de los hombres, y provoca retracción e inseguridad”, sintetiza el especialista.

Lidia Bequer, psicóloga y pionera argentina en técnicas de coaching, asegura que si bien se cree que la timidez la padecen más las mujeres, en su experiencia, dos de cada tres pacientes tímidos son hombres. “Cada persona expresa de modo diferente su timidez. Ésta se convierte en un problema cuando impide accionar con libertad y espontaneidad”. Hay casos de gerentes de grandes compañías que temen a sus superiores o colegas.

Desde la cuna

Los padres pueden tomar acciones concretas para fortalecer la autoestima de sus hijos desde la cuna

y evitar así un posible cuadro de timidez:

• Fomentar actividades que estimulen su autonomía: hacer que reciba y devuelva los juguetes y que

aprenda a guardarlos.

• Festejar los logros del niño en cada etapa.

• Visitar e invitar a familiares y amigos para que el pequeño se acostumbre desde temprano al placer de los vínculos.

 

 

 

 

Gestación en la infancia

Si bien no existe una predisposición genética –estudios muestran que menos del 1% de los niños declarados tímidos debe su estado a alguna causa orgánica–, la timidez, por lo general, se gesta en la infancia. “Los mensajes de los padres influyen de manera decisiva en los niños: si alguno de los padres es reservado, introvertido, no se sabe expresar públicamente o íntimamente, el hijo va a tender a repetir lo que ve. Es un mensaje indirecto”, explica Mónico Carvajal, médico y psicoanalista venezolano.

El especialista advierte que existen también mensajes directos, muy dañinos, que provocan timidez en los niños: “si los padres son críticos, perseguidores o autoritarios; si descalifican constantemente el comportamiento del niño, provocarán que se retraiga”. Frases como “tú no sirves para nada”, “cállate la boca”, “eres un miedoso”, son muy nocivas, subraya el especialista. Los niños internalizan esos mensajes y, por miedo a ser rechazados o castigados, comienzan a cumplir con esos mandatos, que después se constituyen en patrones recurrentes de conducta. Con el tiempo, se hacen reglas, luego virtudes y, por último, valores de vida.

También es perjudicial que los padres ejerzan una sobreprotección desmedida, impidiendo que los hijos resuelvan solos situaciones acordes a su edad, porque así descalifican su poder de decisión e independencia y fomentan la inhibición y la timidez.

Un paso al frente

Más que un tratamiento, los niños tímidos necesitan apoyo y comprensión de los padres, subraya Carvajal. “La única medicina es el amor, el reconocimiento físico y verbal. Hay que ayudarles a incrementar la seguridad en sí mismos y reforzarles su conducta pro-activa.

Hay que darles contención y orientación sin hacer las cosas por ellos, protegerlos y acunarlos cada vez que lo  ecesiten, sin exponerlos pública ni íntimamente”.

También es positivo estimular en los niños los contactos sociales: inscribirlos en cursos, campamentos, clases, talleres de relajación o de asertividad.

En los adultos, el enfoque terapéutico para vencer la timidez combina varias técnicas, y puede ser tanto individual como grupal, explica Bequer. “A través de estrategias de programación neurolingüística y actividades corporales, las personas reconocen cuáles son sus creencias limitantes y sus pautas disfuncionales, con las que accionan y se relacionan. A partir de allí podrán desarrollar habilidades para lograr iniciar una conversación, hablar en público, presentar exámenes con seguridad, tomar decisiones o acercarse a personas del sexo opuesto”, subraya la psicóloga.

Para Bequer, “lo más importante es que las personas comprendan que no son tímidas, sino que creen que son tímidas; que entiendan que aprendieron a funcionar de determinada manera a partir de ciertas creencias limitantes”. Las terapias exploran y desmenuzan el sistema de creencias que genera esa pauta de vida disfuncional y ayudan a conquistar el objetivo que cada persona se propone.

 

Artículo escrito y enviado por Elizabeth Levy Sad

F u e n t e s c o n s u l t a d a s

º Mónico Carvajal, médico y psicoterapeuta. Director del Instituto Eric Berne de Caracas,

Venezuela (www.monicocarvajal.com).

º Lidia Bequer, psicóloga. Fundadora de Coaching, Consultoría Psicológica y Organizacional.

Creadora del programa “Superando la timidez y los miedos”, Argentina

(www.eco-coaching.com.ar).

º Guillermo Augusto Vilaseca, psicólogo social. Especialista en psicodrama, Argentina

(varones.com.ar).

º Gemma Herrero Virto, psicóloga. Especialista en problemas de ansiedad y fobia social

(www.latimidez.com).

 

 

 

 

 

 

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Lic. Guillermo Vilaseca

Lic. Guillermo Vilaseca

Guillermo Vilaseca es Licenciado en Psicología de la Universidad de Buenos Aires, Terapeuta EMDR, Psicodramatista y Psicólogo Social. Escribió el Libro: Por qué los hombres no entendemos a las mujeres, publicado en 2013 por Ediciones B en Argentina y en 2014 también en México.

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