Las Invasiones Bárbaras: Reflexiones en torno a lo grupal a partir del film

La historia de la película nos invita a considerar la situación más curiosa de la vida y por la cual todos sabemos que de una forma u otra vamos a transitar. La finitud.

Pone énfasis en la creencia de que lo valioso en las situaciones límite se encuentra en los afectos cultivados a lo largo de nuestra existencia.

En el inicio surge la importancia de la palabra de uno de los progenitores para habilitar el vínculo del hijo de ambos con el otro miembro de la pareja.

En particular en este caso hablamos de la articulación de la díada padre – hijo.

En el modelo patriarcal donde la madre es quien se encarga predominantemente de las funciones afectivas, es ella quien suele habilitar en ese ámbito al varón.

Frente a la dificultad de los varones para tolerar sus diferencias de proyectos y expectativas en la vida, es la palabra de la madre la que fuerza/facilita el encuentro en toda su dimensión de conflicto y amor.

Así, frente a la finitud de la vida padre e hijo se dan una oportunidad para acceder a un nivel de intercambio diferente.

¿Cuántas veces por desconocer esta dimensión finita de nuestras existencia dejamos para después aquello que solo es posible en nuestro presente?

Como coordinadores de grupo con nuestras convocatorias y como terapeutas, pero también con amigos o familiares al hacer una derivación muchas veces forzamos/facilitamos un encuentro a partir de una situación de crisis por la que alguien descubre, reconoce,comienza a ver que no puede solo. La apertura que significa este dolor genera la oportunidad de reposicionarse en la vida desplegando la curiosidad.

Es interesante ver como en este acto de afrontamiento que implica un forzamiento / facilitación aparece también la amenaza de la muerte en el hijo como el momento que elije la madre para subrayar la actitud amorosa del padre respecto del hijo. Surge también la pregunta sobre su propia paternidad y en que medida ha quedado inoculada en él la idea de tener descendencia a partir de su experiencia como hijo. Esta parábola se cierra en el final de la película con la frase de reconocimiento paterna en el abrazo final:” espero que tus hijos sean como vos”.

Como psicodramatistas hacemos especial hincapié en el proceso de cambio de roles que no es solo una consigna en el marco de una dramatización sino una operación a la que apuntamos para que cada uno bordee la posibilidad de ponerse en el lugar del otro, reconocer y experimentar ese otro punto de vista que en el grupo es múltiple. A través de esta tarea permanente apuntamos a potenciar el enriquecimiento de perspectivas en tanto se instale/garantice un clima de respeto y confianza accediendo a otra dimensión del encuentro.

Delegado, y asumido por el hijo varón, el liderazgo de pilotear la despedida, éste despliega sus herramientas, posibilidades, expertices en aras de generar las mejores condiciones para el transito. Genera alianzas, busca apoyos, crea nuevos lazos y genera reencuentros.

Esta versión de la vida pone sobre el tapete la contradicción entre los distintos niveles de recursos, subrayando de todos modos que, con matices, el proceso es inexorable, el tiempo siempre avanza.

Como psicodramatistas y grupalistas optimistas decidimos trabajar desde la abundancia poniendo el acento en lo que cada uno tiene para dar y no en lo que le falta. Por ello convalidamos el punto de vista de cada uno como el condimento que le aporta riqueza y peculiaridad a la producción del grupo.

Consideramos que esta perspectiva contribuye a salir de la posición de victima y recuperar la condición de protagonista de cada uno de los integrantes del grupo en sus vidas y del conjunto como equipo. Como decía nuestro querido maestro Pichon Riviere: “la heterogeneidad en el grupo contribuye a la homogeneidad en la tarea” que tal vez hoy se plantea en algunos ámbitos como la eficiencia y la eficacia de los equipos transdisciplinarios.

Pero quiero dejar planteado que esta es una condición necesaria pero no suficiente.

Aquí es interesante considerar como ese grupo de intelectuales de la época de “La caída del imperio Americano” hoy están desperdigados por el mundo, como tal vez nos pasa a muchos de nosotros que, por exilios de diversos colores a lo largo de los últimos 30 años, hemos perdido la cotidianeidad con algunos de los compinches de otras épocas a pesar de lo que nos aproxima Internet, el Chat, las nuevas posibilidades de las telecomunicaciones.

Las crisis y el “sálvese quien pueda” nos ha esparcido por el mundo y nos tiende a hacer pensar que podemos prescindir de los otros para vivir. Desde este lugar quedamos ubicados como individuos aislados, desconfiados y no esencialmente enlazados, en los vínculos, con otros, en la amistad y en el amor.

Es la convocatoria, y el soporte material del hijo / líder del encuentro, quien genera la posibilidad para que esta serie de personas diseminadas por el mundo se den cita en un mismo tiempo y espacio en el cual encontrarse en función de una tarea: acompañar y acompañarse.

Allí actualizan quien es cada uno hoy a partir de lo que fueron juntos allá y entonces, como evolucionaron sus creencias, convicciones y acciones en todas las áreas de sus vidas.

Así, en ese reeditar el afecto y las emociones del pasado, se produce la magia de esa red de contención que es el encuentro con otros significativos, sumados a quienes se tornan significativos en el presente y se integran al proceso y a la tarea de compartir el camino de afrontar la finitud y transitar hacia la muerte.

También va cobrando consisten la experiencia de quienes acompañan, ocasional o puntualmente, bordeando este costado de la existencia que a la mayoría de nosotros nos permite tomar conciencia de la oportunidad de celebrar la vida cotidianamente en tanto es el valor más preciado de que disponemos.

Esta es la semblanza del inicio de un grupo. Seres anónimos o no tanto que al presentarse ante los otros y actualizar la pregunta:”quién soy hoy” en la versión ”quién estoy siendo hoy”,

se descubren a si mismos en el aquí y ahora de sus vidas ante los otros cobrando una intimidad peculiar, muchas veces cuasi fraterna.

Este es uno de los mayores disfrutes como grupalistas, tener el privilegio, como parteros, de acompañar en el renacimiento.

Aquel grupo de intelectuales hoy se reúne reconociendo el lugar que ocupó cada uno y el lugar en que están en sus vidas hoy, incluyendo además a la generación siguiente con su diversidad de caminos, que por otro lado les muestra como fueron vistos por ellos.

Tambien aquí es importante tener en cuenta la manera en que la hija es incluida por el hermano a partir de la tecnología, así como cada uno es valorado por lo que es su expertiz hoy.

Como profesor de matemática amante de la tecnología entiendo que disponer hoy del correo electrónico como recurso alternativo para el seguimiento le da nuevas posibilidades a la conformación de redes, en y con los grupos. Recupera la dimensión de la carta y adquiere lo maravilloso de la instantaneidad. Demora y aceleración se conjugan.

El grupo se constituye con una tarea, acompañar, y como en toda experiencia grupal, vamos observando como una misma situación es mirada de diferentes maneras por cada integrante, como adquiere diferentes significados para cada uno y como le permite a cada uno dar distintos pasos en la vida que viene construyendo.

Como clínico me entusiasma ver como cada uno va transitando su metamorfosis en el grupo y extrapola sus nuevas maneras a otras áreas de la vida.
Este anudamiento, en un momento puntual de estas vidas, tiene una repercusión en el curso de sus realidades, que siempre es mas amplia que la instancia de reunión donde cada uno aparece desde un aspecto parcial, desde uno de sus diversos roles en la vida.

Es en grupo donde podemos construir experiencias enriquecedoras, donde podemos potenciar nuestra resiliencia, así como también podemos lastimarnos mutuamente.

A propósito de esta idea quiero compartir una historia que me llegara en una cadena de mail:

CIELO E INFIERNO – La Verdadera Diferencia

Un hombre hablaba del cielo y del infierno con el Señor.

El Señor le dijo al hombre: Ven, Te mostrare el infierno….

Entraron en un cuarto donde había un grupo de individuos sentados en torno de una gran olla de guiso.

Todos estaban famélicos, desesperados y muertos de hambre. Cada uno tenía una cuchara que llegaba a la olla, pero todas las cucharas tenían un mango tanto más largo que su propio brazo que no podían usarla para llevarse el guiso a la boca. El sufrimiento era terrible.

Ven, ahora te mostraré el cielo – dijo el Señor…. después de un rato….

Entraron en otra habitación, idéntica a la primera: la olla del guiso, el

grupo de personas, las mismas cucharas largas… Pero allí estaban todos felices y bien alimentados…!!!

No entiendo – dijo el hombre – ¿Cómo aquí están felices y en el otro cuarto estaban todos tristes, si todo es igual??

El Señor sonrió….

Ah, muy simple, dijo, Aquí aprendieron a alimentarse unos a otros.!!

Como decimos en nuestro trabajo, el modelo es el de los mosqueteros, todos para uno y uno para todos.

Quiero recordar ahora lo que quedo pendiente respecto de la condición necesaria pero no suficiente.

¿Qué marca la diferencia?

La concepción desde la que organizamos el intercambio.

La respuesta de muchos de quienes trabajamos con grupos, terapeutas de grupo o coordinadores de grupos de reflexión, capacitadores es: “el dispositivo grupal”. Las reglas de intercambio que generan la posibilidad de compartir construyendo en la co inspiración fecunda y que determinan el clima grupal o, como hoy se escucha decir en diferentes ámbitos, el clima institucional u organizacional.

El contrato social que sostenemos en estos laboratorios de relaciones humanas que son los grupos, en tanto garantizan la seguridad psicológica, se despliega en la confianza, en el cuidado del otro y en el sostener cariñosamente las tensiones de los conflictos, facilitando la espontaneidad y la creatividad.

Para cerrar estas reflexiones me gusta la idea de recurrir a una poesía:

ACEPTACION

Aceptación significa que puedes

encontrar en tu corazón la serenidad

que te libere del pasado

con sus errores y pesares,

te transporte hacia el futuro

con una perspectiva nueva,

y te haga apreciar la oportunidad

de una nueva vida.

Aceptación significa que cuando

haya momentos difíciles en tu vida,

sabrás hallar el amparo y el consuelo

para aliviar tus pesares.

Hallarás nuevas aspiraciones y esperanzas,

e indulgencia en tu corazón.

Aceptación no significa

perfección para siempre.

Solo significa que

te sobrepondrás a la imperfección.

Aceptación es la senda hacia la paz,

para liberarte de lo peor,

conservar lo mejor,

y hallar en tu alma la esperanza

que te acompañe toda la vida.

Aceptación es la mejor defensa del corazón,

el mayor bien del amor,

y la manera más fácil de seguir creyendo

en tí y en los demás.

Regina Hill

*Texto producido por el Lic. Guillermo Augusto Vilaseca vilaseca@mail.retina.ar para la actividad “Apuntalamiento grupal en situaciones de crisis” realizada el día Jueves 28 de septiembre del 2006, a las 20.30 hs en la sede sita en Arcos 1521 1º.

La misma fue convocada por LA COMISION DE CULTURA DE Sociedad Argentina de Psicoanálisis coordinada por el Dr. Benzión Winograd y cuyo secretario era el Dr. Martín Barrutia.

Los autores del trabajo de recorte de la película “Las Invasiones Bárbaras” del Director Denys Arcand, son el Área de Grupos de la Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados (AEAPG) que presentaron la misma y fue discutida por el Lic. Guillermo Vilaseca, Especialista en Grupos y Psicodrama.

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Lic. Guillermo Vilaseca

Lic. Guillermo Vilaseca

Guillermo Vilaseca es Licenciado en Psicología de la Universidad de Buenos Aires, Terapeuta EMDR, Psicodramatista y Psicólogo Social. Escribió el Libro: Por qué los hombres no entendemos a las mujeres, publicado en 2013 por Ediciones B en Argentina y en 2014 también en México.

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