¿Cómo coordinamos grupos?

Filósofos existencialistas hablan de angustia (Kierkegaard) o de náusea, vértigo (Sartre) como el momento en que uno se para frente a la posibilidad del ser. Angustia ante el vacío, ante el abismo, ante el camino que va hacia un no ser todavía, hacia una nada. Angustia de pararse ante la posibilidad y elegir la acción que nos conduzca a ella.

He sido convocado para pensar con todos Uds. en torno al tema de la coordinación de grupos.

La pregunta ¿Cómo coordinamos grupos? en esta oportunidad se ha sesgado y me ha llevado a plantear tres interrogantes

¿Quiénes coordinan grupos?

¿Qué es coordinar un grupo?

¿Qué matices tiene la coordinación de grupos en la época actual?

GruposDesde la concepción de que cada uno es lo que hace y hace lo que es, me preguntaba quiénes coordinan grupos y qué noción tienen de estar desempeñando el rol de coordinador.

Para el desarrollo de actividades en la sociedad establecemos lazos con otros para la realización de tareas de diversas índoles – educativas, religiosas, políticas, científicas, deportivas, productivas, etc.

Armamos grupos, y esta estructura relacional genera posibilidades y también limitaciones que exceden la simple suma de individualidades.

Nombramos de diferentes maneras a quienes organizan la acción de estos conjuntos humanos: líderes, conductores, punteros, animadores, monitores, administradores, gerentes, capataces, maestros, profesores, guías, capacitadores, coach, etc.

Hoy en día existe el término facilitador que abarca a toda persona que desempeñando una tarea, con o en grupo, utiliza recursos de la dinámica de grupos para favorecer la realización de la tarea estipulada – objetivo, de modo que sus integrantes se consustancien con la misión del grupo.

Un facilitador es una persona, profesional universitario o no, que se desempeña en un área donde tiene a su cargo el trabajo en o con grupos y utiliza herramientas de lo grupal para abordar, afrontar, bordear el hecho de estar trabajando con un conjunto de personas.

Podremos afirmar que todo coordinador de grupo es un facilitador pero no necesariamente la inversa ya que el coordinador de grupos es un especialista formado para trabajar con grupos en general y que especificará su función de acuerdo al área de inserción laboral que aborde en su desempeño profesional.

Pensemos en el abordaje de una situación problemática, por ejemplo la tarea de armar un rompecabezas. Una cuestión es hacerlo solo y otra con otros. Los otros nos ofrecen la posibilidad de sumar habilidades pero la articulación de las mismas puede ser una fuente de limitaciones.

Estas posibilidades y obstáculos no son siempre los mismos.

Los grupos humanos tienden a reproducir de algún modo la pauta de la cultura de la época, o sea reproducen de alguna manera las modalidades de asociación que se dan en el contexto general.

Así, coordinar grupos en cada época requiere tener en cuenta el clima en el que nosotros como coordinadores también estamos insertos, necesitamos poder replantear los parámetros que están en juego, los llamados paradigmas, aquéllo a lo que nos invitaba Pichon Riviere desde la crítica de la vida cotidiana o Jacob Levi Moreno con el análisis de las conservas culturales, término retomado por Fidel Moccio.

Lo grupal tuvo diferentes significados en la historia de la Argentina. A grandes rasgos podemos considerar que en la época del 60 y principios de lo 70 estábamos imbuidos de ideales que hacían concebir un mundo mejor para todos, juntarse aparecía como una posibilidad de apoyo, solidaridad, fuerza, aprendizaje compartido. En el grupo comparto con el otro y puedo aprender a partir de lo que él plantea.

A partir del 76 el Golpe Militar prohíbe agruparse. El clima hostil es máximo y pasa a reinar la desconfianza, juntarse es un riesgo y el otro una amenaza posible.

En el 82 con la Guerra de las Malvinas el enemigo común de los Argentinos produce un efecto de unificación, los operadores de grupos: psicólogos, psicólogos sociales, psicomotricistas, etc . acceden a un lugar más allá de la formación en el proyecto de contención a la población en el escenario de las Instituciones de Salud y Educación frente a la situación de guerra. Es una experiencia que le muestra a muchos sus posibilidades de inserción vedadas hasta ese momento.

En el 90 asistimos a la exacerbación del individualismo en el marco del “sálvese quien pueda”. El otro, como en Gran Hermano, es mi competencia. Vamos juntos pero sabiendo que es él o yo. El protagonismo cambia de sentido, la solidaridad es parcial y condicionada, cada uno trata de aprender lo más posible para sí y ocupar la mayor porción de poder posible.

Hoy en la catástrofe que nos ha sumido el modelo neoliberal nos encontramos con nuevas formas de grupalidad: Asambleas Vecinales; Grupos Barriales; Psicodramas Públicos; Piquetes; Escraches; Grupos de ahorristas; Cooperativas en Fábricas cerradas tomadas por trabajadores que las gestionan, Cooperativas de Salud también gestionadas por trabajadores/desocupados, cartoneros, cibergrupos, etc.

En cada uno de estos contextos coordinar un grupo ha requerido y requiere del coordinador, estar atento a las formas de intervención que viabilicen la producción grupal y el crecimiento de los integrantes como personas.

¿Qué significa coordinar grupos hoy donde impera la tendencia a la fragmentación?

Un aspecto ante el cual considero fundamental tomar posición tiene que ver con la violencia.

Una definición que me parece interesante es la que sostiene que violencia más allá de sus formas es lo que desconoce al otro como sujeto y lo reduce a la condición de objeto.

Es desde este punto de vista que considero que el lugar del coordinador se caracteriza como lugar de la escucha y de la interrogación.

El coordinador es sostenedor del silencio, como espacio de escucha, generador de condiciones de seguridad psicológicas y articulador de una fratría, posibilitador del juego dramático, atento a pesquisar y puntualizar desvíos, diferencias, cortes, tanto a lo qué se dice, cómo a la manera en que se lo dice y desde dónde.

En este sentido me interesa plantear la diferencia entre opiniones personales y afirmaciones universales en las maneras posibles de intervención que se pueden favorecer en el grupo. Moreno nos hablaba del compartir como la instancia en que tengo la oportunidad de entrar en diálogo a partir de exponer mi punto de vista desde mi experiencia personal, desde mis resonancias reconociendo lo subjetivo de mi mirada y mi opinión.

La importancia de hablar en nombre propio como manera de no desautorizar/ violentar al otro, los otros y dando valor a la palabra propia, permite subrayar el sesgo de cada uno en el aporte a la producción colectiva, al collage grupal y generar las condiciones para el enriquecimiento de cada uno con lo de los otros.

Así, nadie es dueño de “la verdad” sino que cada uno se hace cargo de su interpretación y de su lectura de los hechos.

De esta manera aparece lo de cada uno, caso por caso, y es tenido en cuenta, reconocido e incorporado. Para ello es preciso sostener la tensión de la sorpresa y alojarla desde una actitud hospitalaria para darle la oportunidad de que produzca.

Por este camino se habilita, como solemos metaforizar, el “todos para uno y uno para todos”.

Ante la sorpresa frente a las conductas de las que somos capaces los seres humanos en todos los sentidos, ante una naturaleza que aparece como dominada pero sigue siendo incontrolable, así como frente al misterio de la vida que logramos prolongar pero que continúa siendo finita, me sigo haciendo preguntas en relación a los grupos y los invito a continuar interrogándose.

Lic. Guillermo Augusto Vilaseca*

*LIC. GUILLERMO AUGUSTO VILASECA Lic. en Psicología. U.B.A. Psicólogo Social. Psicodramatista. Especialista en EMDR. Ex Presidente de la Sociedad Argentina de Psicodrama – SAP-. Ex-Representante de Relaciones Interinstitucionales Internacionales SAP. Participante de la International Association of Group Psychotheraphy – IAGP – Miembro de la International Association for Studies of Men – IASOM -.Ex-Miembro del Grupo Autogestivo de Teatro Espontáneo – GATE – Co-fundador de la Revista Argentina de Psicodrama y Técnicas Grupales.

Ha sido profesor invitado en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, de la Universidad del Salvador, en la Universidad de Montevideo – Uruguay – IPUR-, en la Universidad de San Jose – Costa Rica- y en la Universidad Autónoma Metropolitana, México

Desarrollo seminarios como profesor invitado en los Cursos de Post-Grado de: el Hospital de Emergencias Psiquiátricas “T. de Alvear”, la Universidad Bar-Ilam, la Sociedad Argentina de Psicodrama, el Centro de Estudios Bioenergéticos, el Centro de Investigaciones Grupales, la Escuela de Teatro Espontáneo de Capivari -San Pablo – Brasil-, el Grupo de Estudios de Técnicas Psicodramáticas GETEP – San Pablo – Brasil -, La Asociación Brasilera de Psicodrama y Sociodrama – ABPS – San Pablo – Brasil, el Instituto Con-Textos Grupales San Jose, Costa Rica, en el Centro de Estudios Psicodramaticos – CEPSI- y en ” Casa abierta al tiempo” México DF- México; en el Instituto Psiquiátrico Universitario Pere Mata de Reus (TARRAGONA); en la Escuela de Psicodrama ESCAT (Barcelona) y en ARAPDIS Clinica de Rehabilitación Psicosocial (Barcelona) España. –

Hoy dirige: www.varones.com.ar y www.clinicasgrupales.com.ar

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Lic. Guillermo Vilaseca

Lic. Guillermo Vilaseca

Guillermo Vilaseca es Licenciado en Psicología de la Universidad de Buenos Aires, Terapeuta EMDR, Psicodramatista y Psicólogo Social. Escribió el Libro: Por qué los hombres no entendemos a las mujeres, publicado en 2013 por Ediciones B en Argentina y en 2014 también en México.

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